Redacción Animal Político · 2 de octubre de 2024
No hay razones para el triunfalismo. El sexenio terminó y dejó atrás una oportunidad para superar las fallas estructurales del sistema laboral que producen la mayor parte de la pobreza. Indicadores como personas con salarios de pobreza, en desempleo o exclusión, con trabajos informales, se encuentran prácticamente igual a como inició en 2018.
La raíz de la pobreza permanece. Es inadmisible que ante el tamaño y dinamismo de la economía exista un nivel de pobreza desproporcionada, aún con su reciente reducción en esta administración y el incremento al salario mínimo.
No fue suficiente; falta mucho para lograr que millones de personas que trabajan dejen de ser pobres, que cuenten con salarios dignos y con derechos fundamentales.
Acción Ciudadana Frente a la Pobreza elaboró un balance sexenal con base en datos oficiales sobre el mundo del trabajo y su relación con las causas de la pobreza (ver reporte completo aquí).
En esencia, la raíz que genera pobreza tiene que ver, al menos, con cinco ramificaciones que a lo largo de este sexenio están prácticamente igual que al final de la pasada administración. Compartimos una mirada concreta de cada una de ellas.

El ingreso ha mejorado en estos 6 años. La leve reducción de la pobreza se explica, fundamentalmente, por mayor ingreso laboral en los hogares; sin embargo, la realidad estructural del sistema laboral no se ha transformado. Ahora hay 5 millones de personas más que carecen de salario suficiente para superar la pobreza que las que había en 2018.

La informalidad no sólo es comercio ambulante; dentro del sector formal de la economía hay millones de personas que trabajan sin acceso a los servicios de salud y sin el resto de los mecanismos de protección social del seguro social. El sexenio de López Obrador culmina con 2.7 millones de personas más que tienen trabajos informales.

Uno de los mayores errores de percepción es la magnitud del desempleo. La tasa de 2.7 % que se suele difundir recientemente refleja únicamente la desocupación; es decir, personas que en la encuesta del INEGI mencionaron que no trabajaron ni una hora y que sí buscaron empleo la semana previa.
Sin embargo, para dimensionar el desempleo real debe sumarse, al menos, las personas disponibles; es decir, aquellas que sí pueden laborar pero que ya no buscaron trabajo “la semana previa” a la encuesta porque saben que no tienen posibilidades de conseguirlo. En los indicadores internacionales de la OIT y la CEPAL se les denomina “desalentadas”.
Considerando ambos grupos, la tasa de desempleo total o “completo” es de 10 %. El sexenio de López Obrador culmina con apenas una reducción de 2 puntos porcentuales en relación con hace 6 años en este rubro.

Además de las personas desempleadas, hay otro amplio sector de la población potencialmente productiva, que está excluido del trabajo. Son en su gran mayoría mujeres, que no están disponibles porque trabajan en su hogar, en labores de cuidado y sin remuneración.
A lo largo de 6 años solamente 279 mil personas lograron salir de esta condición. El tamaño del desafío es monumental: hay 13.7 millones de mujeres que no pueden emplearse por dedicar su tiempo a tareas de cuidado. Se perdió la oportunidad de crear el sistema de cuidados.

Otro sector de la población excluido del sistema laboral son las y los jóvenes oportunidad. El sexenio de López Obrador cierra con 5 millones más que están fuera de la escuela, con rezago educativo y sin trabajo. Son menos que hace 6 años, pero siguen siendo un gran reto, pues esta condición se presenta al inicio de su vida laboral.

La raíz de la pobreza laboral tiene otros factores que la nutren y reflejan la indefensión de personas empleadas (trabajo subordinado y asalariado). Son dos factores que contribuyen a mantener la precariedad laboral: carecer de contrato estable, así como de organización sindical y representación para la negociación colectiva de salarios y condiciones laborales.
En ambos, prácticamente no hubo cambios significativos en los últimos 6 años.
La agenda laboral arrastra muchos sexenios, de todos colores, sin ser prioridad; aunque en el sexenio de López Obrador el aumento al salario mínimo fue una medida acertada, no se alcanzó la meta de cubrir el costo de dos canastas básicas. Al actual salario mínimo general en 2024 le faltan 1,500 pesos al mes para superar el umbral de pobreza, es decir, para cubrir el costo de dos canastas básicas.
La raíz principal de la pobreza se produce desde el sistema laboral; el trabajo sigue siendo fábrica de pobreza para millones de personas. Se requieren acciones efectivas desde la política económica y sobre todo desde la política laboral. En este campo es obligado el diálogo social y la concertación, no se puede imponer “por decreto”.
Por su parte, las grandes políticas sociales deben garantizar derechos sociales: educación, salud, vivienda, alimentación. Y los programas sociales pueden contribuir a enfrentar condiciones estructurales que crean barreras para ejercer esos derechos, pero no son la vía ni tienen la capacidad para “combatir la pobreza”.
Mientras se siga discutiendo la pobreza desde la política social y se deje de lado la raíz laboral de la pobreza, el país está condenado a mejoras marginales y retrocesos cíclicos.
El gobierno que inicia tiene en sus manos condiciones para afrontar este desafío y cambiar el paradigma para que, en México, ninguna persona que trabaja viva en condición de pobreza.