Redacción Animal Político · 21 de noviembre de 2024
El 20 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Niñez, esta fecha está en consonancia con el aniversario de la firma de la Convención de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (NNA) de 1989. En este contexto, es necesario reflexionar alrededor del papel de las niñeces en la vida pública.
Si bien existen ejercicios de participación, como la Consulta infantil y juvenil, es necesaria la construcción de espacios que contemplen todas las necesidades de este colectivo a partir del entendimiento de sus contextos e interseccionalidades.
La participación de las niñeces en México ha sido tradicionalmente acotada; la encaminada a espacios de consulta o de expectación frente a los asuntos de su importancia. No obstante, el desarrollo de proyectos en los que su liderazgo, colaboración y participación sea crucial, puede ser una alternativa en el tratamiento de las problemáticas que enfrentan día con día.
Reconocer a Niñas, Niños y Adolescente como integrantes de un grupo diverso es dar cuenta de las distintas situaciones que atraviesa esta población, las cuales van desde la precariedad y falta de representación, a la violencia y acceso a educación.
Construir formas de participación para Niñas, Niños y Adolescentes fuera de representaciones sociales que estigmatizan a este grupo y lo conciben como incapaz de tomar decisiones, es imprescindible para aminorar la situación de vulneración de derechos humanos que han sido violados de manera sistemática a lo largo de los años.
En este sentido, la labor del Estado de garantizar el derecho a la participación contemplado en el artículo 12 de la Convención, debe tomar en cuenta al grupo de Niñas, Niños y Adolescentes como sujeto de derechos, con capacidad de incidencia dentro de todos los espacios sociales en los que interactúa.
Existen distintos obstáculos en el camino de hacer valer el derecho a la participación, uno de ellos es la prevalencia de doctrinas tutelares, basadas en prejuicios adultocentristas que contemplan a este grupo como uno que solamente requiere de cuidados por parte de instituciones y personas adultas.
Otra idea imperante sobre la niñez es la de entender esta etapa como una previa a la interacción social. Narrar este momento de la vida como uno a la espera de la adultez para participar en asuntos de relevancia pública, es entender la participación cívica desde su modelo más tradicional y conservador.
Para hacerle frente a estos obstáculos es importante construir narrativas distintas que identifiquen la complejidad de este grupo. De acuerdo a la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México, las Niñas, Niños y Adolescentes son un grupo categorizado como de atención prioritaria, esto significa que su acceso a derechos está mediado por mayor cantidad de complejidades con respecto a otras identidades que ostentan mayores privilegios.
Reivindicar es fundamental para entender la relevancia de la niñez en la sociedad, no solo como reproductora de normas y prácticas sociales, sino también como un colectivo capaz de cuestionar, cambiar y reflexionar alrededor de estas pautas. En otras palabras, entender a las niñeces no solo como reproductoras del orden, sino también como recreadoras del mismo, es politizar a esta población que existe y se relaciona más allá de espacios escolares, domésticos o de recreación.
Las niñeces son seres humanos con características específicas que deben ser valoradas, respetadas y tomadas en cuenta. La capacidad de esta población para crear su propia cultura y una visión particular del mundo debe ser incluida al momento de reflexionar alrededor de los canales de participación con los que contamos las personas en asuntos de relevancia pública.
Las niñeces existen, resisten y aunque su participación se encuentre muchas veces al margen de canales institucionalizados, no significa que no sea relevante, transgresora y crítica frente a fenómenos como la discriminación y desigualdad.
*Raúl M. Castillo, es asesor educativo en la Subdirección de Educación del COPRED.