La paradoja de tener más policías y menos seguridad

Redacción Animal Político · 20 de agosto de 2025

La paradoja de tener más policías y menos seguridad

En México, al cierre de 2024 había un policía estatal por cada mil habitantes, según la más reciente edición del Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal (CNSPE) 2025 publicado por el INEGI. El informe señala que, de acuerdo con la tasa por cada mil habitantes, Tabasco es la entidad federativa con mayor número de policías (2.1), mientras que Baja California registra la menor (0.2).

Pero ¿qué nos dicen realmente esos números? ¿Qué significa tener muchos o pocos policías?

¿Importa cuántos policías hay?

A nivel mundial no existe un parámetro universal que establezca cuántos policías debe haber por cada habitante. La mera presencia de más agentes no garantiza que exista más seguridad. La seguridad depende de múltiples factores: la confianza ciudadana, la fortaleza institucional, la procuración de justicia, el respeto a la legalidad y la cohesión social.

Por eso, antes de preguntarnos si hay suficientes policías, conviene detenernos en la pregunta de fondo: ¿para qué sirven las policías?

El origen de la policía

Históricamente, el surgimiento del Estado moderno responde al deseo colectivo de vivir seguros. El ser humano buscó trascender la “ley del más fuerte” para proteger su vida, su integridad y su patrimonio. Para hacerlo posible, fue necesario establecer normas de convivencia y crear instituciones capaces de vigilar su cumplimiento.

La policía surge, entonces, como un ente regulador de la conducta, cuya función es limitar los abusos individuales para garantizar la libertad de todos. Esta paradoja —la institución que restringe para hacer posible la libertad— explica en gran parte la desconfianza que generan las policías: pueden inspirar alivio frente a un peligro inmediato, pero también enojo y temor cuando se les percibe como represivas.

En cualquier caso, su labor es interminable. Mientras exista sociedad, habrá necesidad de vigilar, prevenir y sancionar conductas que pongan en riesgo la convivencia.

La paradoja de los números

Si aceptamos que la policía existe para sostener el orden que hace posible la vida en comunidad, entonces vale la pena regresar a la pregunta inicial: ¿qué significa que Tabasco tenga más policías que cualquier otra entidad?

El dato, por sí mismo, no dice mucho. De hecho, resulta ilustrativo que Tabasco sea, al mismo tiempo, uno de los estados con mayor incremento de los niveles de violencia homicida y delitos en general. Por el contrario, Querétaro, que tiene una de las menores tasas de policías por habitante, se encuentra entre las entidades más seguras del país.

Este contraste pone en evidencia que la cantidad de policías no es un factor determinante para la seguridad. Importa más la calidad de la institución, el grado de profesionalización, la coordinación con otras autoridades y la confianza ciudadana.

La falta de información

Un punto crítico es que la Ciudad de México no entregó la información requerida por el INEGI para el censo. Si la capital del país se niega a transparentar sus datos, ¿cómo esperar que la ciudadanía confíe en que las instituciones cumplen con lo que les corresponde?

La ausencia de información es, en sí misma, un mensaje preocupante: refleja opacidad, simulación y una falta de compromiso institucional. Si el INEGI no puede acceder a la información completa, ¿qué esperanza tiene un ciudadano común de obtener datos confiables sobre la policía que lo protege?

Más allá de los datos

Diversas organizaciones de la sociedad civil, como Causa en Común, han documentado durante años tanto los avances como las carencias de las policías mexicanas. Han defendido los derechos de los agentes, pero también han denunciado simulaciones, omisiones y la falta de transparencia en la gestión policial.

Un ejemplo recurrente es que, en muchos casos, ni siquiera se sabe con certeza cuántos policías hay en una entidad. Mucho menos se conoce el porcentaje de aquellos que cuentan con Certificado Único Policial o con exámenes de control de confianza vigentes.

De poco sirve conocer un número total si no se tiene información sobre su capacitación, su permanencia o sus condiciones laborales. La cifra aislada pierde sentido.

Hacia una evaluación integral

Los censos y diagnósticos deberían servir como herramientas de evaluación para la mejora continua. La pregunta no es si necesitamos más o menos policías, sino qué tipo de policías necesitamos y cómo se integran al ecosistema de seguridad.

La comparación entre Tabasco y Querétaro lo ilustra con claridad: el primero tiene más policías por habitante, pero mayores índices de violencia; el segundo, menos policías, pero más paz social. La diferencia probablemente radique en otros factores: el tejido comunitario, la capacidad de respuesta institucional, la confianza en la autoridad y la coordinación con la justicia.

Solo un análisis integral puede dar respuesta a estas preguntas. Los datos aislados, sin contexto ni interpretación, no permiten diseñar políticas efectivas.

La urgencia de la evidencia

El problema es que vivimos en un entorno donde los datos no siempre reflejan la realidad. Entre omisiones deliberadas, falta de registros y simulaciones, corremos el riesgo de quedarnos sin una base de evidencia confiable para la toma de decisiones.

Mientras tanto, la violencia nos recuerda todos los días lo que está en juego: masacres, balaceras en fiestas patronales, feminicidios, menores asesinados y fosas clandestinas. La tragedia cotidiana desmiente la narrativa oficial de que “todo está bajo control”.

La pregunta sobre cuántos policías tenemos pierde relevancia si las instituciones siguen atrapadas en la opacidad y la ineficiencia. Lo que necesitamos no es un conteo, sino instituciones transparentes, profesionales y confiables, capaces de garantizar la seguridad de la ciudadanía.