Palabras para ir en reversa

Redacción Animal Político · 7 de agosto de 2025

Palabras para ir en reversa

¿Alguna vez te has detenido a pensar en el verdadero poder de las palabras? Es verdad que todos tenemos el derecho de expresarnos libremente. Pero ¿no deberíamos preguntarnos también sobre la responsabilidad que esto conlleva? Cada palabra que decimos puede ayudar a construir puentes o a cavar abismos.

Más aún cuando quien habla ocupa un lugar en el escenario público, rodeado de reflectores y de seguidores dispuestos a imitar, a aplaudir o a justificar. La influencia de estas personas no se limita a simples opiniones, puede transformar el tejido social.

Las declaraciones de figuras públicas tienen el potencial de moldear percepciones, encender debates y, en ocasiones, legitimar posturas peligrosas. En un tiempo donde los discursos se multiplican y circulan velozmente, es fundamental reflexionar sobre el impacto que tienen las palabras en la construcción de nuestra sociedad.

Tomemos el caso de Donald Trump. En agosto de 2017, el mundo presenció un violento enfrentamiento en Charlottesville entre nacionalistas blancos y contra manifestantes. No sólo se trató de un choque entre grupos, sino un enfrentamiento de ideas: el pasado aferrado al odio y al racismo contra quienes sueñan un presente más justo. En medio de la indignación, el entonces presidente de Estados Unidos eligió la ambigüedad, equiparando a los supremacistas blancos y a los manifestantes que los denunciaban, negándose a condenar de raíz el racismo. Esto no fue una omisión inocente y se tomó como defensa para estos grupos extremistas a tal grado que David Duke, exlíder del Ku Klux Klan, le agradeció públicamente. Así, sus palabras fueron leña para quienes desean normalizar estas conductas y propagar el odio.

Este riesgo no es ajeno a nuestra realidad. Hace apenas unos días, las redes se incendiaron con las declaraciones de Javier Hernández. Sus palabras sostienen que las mujeres “estamos fracasando” por alejarnos del hogar y que nuestro sitio natural sería el de “cuidar, recibir, limpiar” y “dejar que los hombres nos lideren”. Al parecer para él, la energía femenina se limita al servicio del hogar y la masculina a proveer.

Leer los comentarios a esas publicaciones resultó aún más descorazonador que escuchar su planteamiento. Personas que se sintieron representadas, otras que minimizaron la gravedad del mensaje y algunas más que lo defendieron bajo la bandera de la libertad de expresión.

La libertad de expresión sí es un derecho esencial, pero no es absoluto y tiene límites claros: no puede estar por encima de los derechos, libertades y seguridad de otras personas, mucho menos cuando incita al odio, la violencia o refuerza injusticias históricas.

Esto no es ninguna exageración. Pensemos en la realidad de nuestro país: aquí, la violencia de género es un problema grave y extendido. 7 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia y en 4 de cada 10 casos, el agresor es la pareja. 1 En 2024, niñas de apenas 10 a 12 años se convirtieron en madres y los padres tenían más de 50 años. 2 El 75 % de las personas que brindan cuidados en los hogares son mujeres. 3 El trabajo no remunerado de cuidado y del hogar equivale a 8.4 mil millones de pesos y, del total, el 72 % es aportado por mujeres. 4

Estos datos no son solo cifras, son realidades que gritan por justicia y oportunidades.

Las palabras importan porque modelan percepciones y, por ende, realidades. Así como los discursos de Trump validaron el racismo, las declaraciones de Javier Hernández refuerzan prejuicios y estereotipos de género, frenando el avance hacia la igualdad y dificultando el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia y con justicia plena.

Se trata, entonces, de entender que cada palabra puede ser un paso hacia adelante o un retroceso. Como sociedad, elijamos construir con nuestras voces, no destruir. Porque el verdadero poder de la palabra está en transformar, no en perpetuar el daño.

No, Javier, lo que dices no es interesante.

* Karla Alejandra Chávez Romero (@krlexandra) es mercadóloga por la Escuela Bancaria y Comercial (EBC) y cuenta con un Diplomado en Investigación de Mercados por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Es Gerente de Proyectos Cuantitativos en LEXIA. Apasionada de los viajes, del teatro y del fútbol, sobre todo el fut femenil.

 

Este blog es un espacio de participación donde los colaboradores de LEXIA expresan sus puntos de vista, análisis e interpretaciones de la realidad social. Estos textos no expresan un punto de vista institucional de LEXIA. 

 

1 INEGI, Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), 2021.

2 Secretaría de Salud, 2024.

3 INEGI, Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC), 2022.

4 INEGI, Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, (CSTNRHM), 2023.