Oportunidades de aprendizaje y derecho a aprender: ¿qué podemos hacer en vacaciones?

Herminia Miranda · 26 de julio de 2025

Oportunidades de aprendizaje y derecho a aprender: ¿qué podemos hacer en vacaciones?

La vida es un aprender incesante; el aprendizaje comienza al nacer. La ciencia, desde distintas disciplinas –biología, psicología, antropología, neurociencias, etc.–, ha establecido que las personas tenemos una capacidad innata para aprender.

La escuela fomenta los aprendizajes a partir del trabajo de maestras y maestros, quienes con las situaciones de aprendizaje que diseñan, se proponen que las y los estudiantes desarrollen nuevos aprendizajes. No obstante, las oportunidades para aprender están por todos lados, en toda interacción que tenemos con el mundo a nuestro alrededor: familia, amigos, vecinos, el barrio, colonia, pueblo, ciudad, y desde luego, el ciberespacio. De esta forma, en la vida diaria, también tenemos la posibilidad de aprovechar las experiencias de niñas y niños para generar situaciones de aprendizaje. El periodo de vacaciones de verano bien puede prestarse para abrirles diversas oportunidades para aprender.

Las vacaciones aportan varios beneficios a las y los estudiantes, que son indispensables para su desarrollo y bienestar. Pueden relajarse del estrés y el agotamiento que, probablemente, les produce la escuela; alimentarse, descansar y dormir mejor que cuando tienen que ir a la escuela; fortalecer sus competencias socioemocionales mediante la convivencia con la familia, amigos o vecinos; desarrollar capacidades como la imaginación, creatividad y resiliencia al resolver retos mediante el juego o la práctica de algunos pasatiempos, y a la vez, se divierten, o dedicar tiempo a reflexionar sobre sus experiencias escolares para mejorar su autoconocimiento.

En relación con los aprendizajes escolares, es común que, a consecuencia de la interrupción de clases por las vacaciones, las y los estudiantes se olviden de lo que aprendieron durante el ciclo escolar. A este fenómeno se le denomina “pérdida de aprendizajes”. Este problema ha sido de interés para la investigación desde principios del siglo pasado. Aunque es difícil determinar qué tantos aprendizajes se pierden durante las vacaciones de verano, los investigadores han encontrado que las mayores pérdidas se observan en las áreas de matemáticas y lectura de comprensión y éstas son más acentuadas entre estudiantes de las familias de ingresos más bajos. En un estudio reciente, Argentinos por la Educación dice: “Para poner una medida a este retroceso, la evidencia muestra que tras las vacaciones de verano los estudiantes de educación primaria tienen un deterioro equivalente a lo aprendido en 47 días en promedio, con mayor impacto en Lengua (54 días) y en Matemática (65 días). Este efecto es desigual, según el nivel socioeconómico: los estudiantes de contextos medio-altos logran incluso mejoras en ciertas habilidades, como el reconocimiento de palabras. Por su parte, los estudiantes de niveles económicos bajos experimentan retrocesos más pronunciados, alcanzando hasta 97 días de retroceso en comprensión lectora”. 1

¿Qué hacer con las niñas y niños durante las vacaciones para estimular sus aprendizajes? Este bien puede ser un tiempo para fortalecer sus capacidades de aprender y más aún, para hacerlo por sí mismos. Su curiosidad e inclinación por resolver problemas o superar desafíos son catalizadores naturales para potenciar sus aprendizajes.

Las actividades que pueden facilitar este proceso son inagotables. Algunas al aire libre incluyen, por ejemplo, salir de paseo, explorar la naturaleza, ir de excursión, jugar en equipos. En casa, se pueden hacer manualidades, jardinería, dibujar, pintar, cantar, bailar, escuchar música, crear una coreografía, inventar una historia, representar una obra de teatro, componer una canción… También está la posibilidad de que colaboren en labores domésticas, desde luego, lo que contribuirá a desarrollar su sentido responsabilidad, sus capacidades de organización y trabajo en equipo, así como su empatía. Además, están las actividades culturales como las visitas a museos, exposiciones, sitios históricos, o por qué no, las bibliotecas o librerías. En muchos de estos lugares hay secciones infantiles. También se pueden visitar sitios de Internet –con el debido acompañamiento de una persona adulta–, donde se encontrarán interesantes actividades para niñas y niños, de juegos educativos, ciencias, pasatiempos y manualidades, cuentos, canciones, bailes, dibujo y pintura, idiomas, historia, geografía, etc. Sobre todo, el periodo vacacional es el tiempo para jugar y divertirse. Y hay que tener en cuenta que los juegos enseñan a experimentar, a tomar decisiones, concentrarse, resolver problemas, socializar, colaborar, comunicarse, aprender de los errores, respetar valores y normas, manejar emociones, etc. La cuestión es aprovechar estas oportunidades mediante un diálogo orientado hacia el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes, y paulatinamente fortalecerán sus capacidades para aprender por sí mismo a lo largo de su vida.

Para mitigar la pérdida de aprendizajes es conveniente procurar actividades que impliquen la lectura de comprensión y la escritura. Por ejemplo, leer en familia trae consigo varios beneficios, entre otros, fortalece los lazos familiares; favorece la conversación sobre distintos sucesos y emociones que se presentan en la vida –que ayudará a niñas y niños a entender y expresar sus propias emociones–; fomenta su imaginación y creatividad; estimula su curiosidad por aprender cosas nuevas; los aparta de las pantallas digitales; amplía su vocabulario y su capacidad para expresar sus ideas –lo que, a su vez, favorecerá su desempeño escolar–, y ampliará sus horizontes en las dimensiones personal, emocional y del aprendizaje.

Por lo que hace a la escritura, quizá las vacaciones de verano sean una buena ocasión para que niñas y niños escriban algo… un diario, una carta, algún relato, cuento o historia. Y, si lo hacen con lápiz y papel, qué mejor. Diversos estudios han mostrado que la escritura a mano desarrolla la motricidad fina y la coordinación, pero, además, tiene enormes beneficios relacionados con la activación de distintas áreas del cerebro que favorecen la memoria y la comprensión, ayuda a la asimilación y codificación de nuevos conocimientos, a la organización de las ideas y fomenta la concentración y la creatividad.

Las familias, junto con la escuela, son responsables de que las y los estudiantes ejerzan su derecho a aprender. Durante este periodo vacacional de verano, un ambiente familiar propicio puede generar oportunidades de aprendizaje inolvidables y, lo más importante, invaluables para que niñas, niños y adolescentes desarrollen su capacidad de aprender por sí mismos a lo largo de su vida.

* Maura Rubio Almonacid es directora de Investigación en Mexicanos Primero.

 

1 Kit, I., Alzú, M.S. y Sáenz Guillén, L. (2025). Vacaciones de verano: evidencia sobre su impacto en el aprendizaje. Observatorio de Argentinos por la Educación.