Redacción Animal Político · 22 de agosto de 2025
El próximo lunes 25 de agosto en la Corte del Distrito Este de Nueva York, el narcotraficante mexicano Ismael Zambada García, cambiará su declaratoria inicial de “no culpable” y terminará aceptando algunos de los 17 cargos de su acusación de reemplazo dada a conocer en febrero del 2024.
Este gesto de declararse culpable y la decisión de la fiscalía que lleva su caso de no pedir para él la pena de muerte, ha sido interpretado erróneamente en México como un aviso de que “El Mayo” ya esta dispuesto a revelar las redes de corrupción que lo mantuvieron casi cinco décadas vigente. Un sector de la población que se opone al gobierno de la llamada Cuarta Transformación espera pronto conocer detalles de cómo este acusado sobornó a políticos, policías, militares y demás servidores públicos. Cientos de veladoras en altares opositores llamean en este instante con feligreses pidiendo a San Ismael que les conceda el milagrito (como ya lo hicieron con San Ovidio).
Pero ¿es cierto eso? ¿Ya va a cantar “El Mayo”? ¿Veremos pronto caer a miembros de MORENA y de otros partidos que en algún momento de esta odisea llamada Guerra Contra el Narco, se asociaron con el otrora elusivo personaje?
Lo primero a resaltar aquí es que cualquier presunto delincuente, sea local o foráneo, que caiga en manos de la justicia norteamericana, tiene inicialmente dos caminos. Aceptar el acuerdo de culpabilidad o irse a un juicio donde las expectativas de salir de prisión se desploman aún más. Datos del 2022 de las mismas autoridades revelan que apenas el 2.3 % de acusados penales federales en Estados Unidos deciden ir a un juicio que están diseñados para que los gane el gobierno.
Por eso mismo es que, de los cientos de mexicanos llevados ante la justicia estadounidense en los recientes 30 años, si acaso un puñado de ellos se fueron a dicha instancia: El Chapo Guzmán, Juan García Abrego, Genaro García Luna, Rubén Oseguera González “El Menchito” y el primer de todos ellos, otro Rubén, este de apellido Zuno Arce, cuñado del expresidente Luis Echeverría, llevado a juicio en California al inicio de los noventa. Pero no hay muchos más.
Y una vez que un acusado se declara culpable, en este caso “El Mayo”, lo que sigue es que sus abogados continúen negociando con los fiscales, quienes son los que al final sugieren los penas a los jueces. Claro, basados en pautas de sentencia, siempre manipulables. Los empleados del gobierno buscan además dos cosas: evidencia valiosa que los lleven a iniciar otros procesos o dinero para buscar la forma de decomisarlo (ver la investigación en este mismo portal publicada esta semana Dinero del narco: Estados Unidos va por ganancias de capos mexicanos a cambio de reducción de condenas). Si el acusado tiene una o ambas cosas que ofrecer, es probable que su sentencia vaya a la baja.
En el caso del Mayo Zambada, tiene mucha información y mucho dinero. Pero ojo, un acuerdo de culpabilidad no necesariamente significa que debe entregar una o ambas cosas y es, simplemente, una forma de acortar el proceso y evitar un juicio que ni los fiscales desean.
¿Por qué mi apuesta inicial en el sentido de que él no se va a dedicar a delatar a otros mexicanos como sí lo hicieron su hijo, Vicente Zambada Niebla “El Vicentillo”, y su hermano, Jesús “El Rey” Zambada? Creo que son tres razones.
La primera es que el señor Ismael Zambada García no tiene nada qué ganar. Partamos del hecho de que cada uno de los 17 cargos (aún no sabemos cuántos le restarán), lleva penas de 10 años a cadena perpetua, así que lo “normal” sería que le apliquen este último castigo y que, debido a su “peligrosidad”, lo envíen a una cárcel de máxima seguridad como a su compadre “El Chapo”. En el supuesto de que entregue muchísimo dinero e información, los fiscales entonces le harán un gran descuento y sugerirán al juez que lo sentencie a 25 años de prisión. Con su salud mermada y a sus 77 años, eso no significa ningún beneficio para “El Mayote”.
Piensen en lo contradictorio que sería una sentencia debajo de los 30 años para alguien a quien el Departamento de Justicia trumpista tiene catalogado como terrorista. Bien lo dijo el fiscal del este neoyorquino, Breon Peace, cuando dio a conocer la acusación de reemplazo sobre este acusado: “para asegurar el éxito del cártel contrató a individuos para obtener rutas de transporte y almacenes para importar y almacenar narcóticos, y a sicarios para llevar a cabo secuestros y asesinatos en México como represalia contra los rivales que amenazaban al cártel. Los millones de dólares generados por la venta de drogas se transportaban de regreso a México”. Entiendo, por lo mismo, que la presidenta de México Claudia Sheinbaum cuestionara esta semana cómo es que los Estados Unidos “están tomando acuerdos con estos miembros de lo que ellos llaman grupos terroristas”.
La segunda razón por la que creo que Zambada García no delatará, o no al menos masivamente como muchos apuestan, es que finalmente él es un personaje de la vieja guardia, de tiempos donde se respetaban códigos de honor como el de no ejercer de soplón. Si bien es cierto que sus familiares procesados en Estados Unidos han elegido el camino contrario y, disciplinados, han ejercido de testigos y pagado sus multas comprando así años de libertad, “El Mayo” no tiene la misma motivación.
Cuenta con la ventaja de que los empleados de las agencias estadounidenses se darán por bien servidos si pueden recibir otra buena tajada de las utilidades que la familia Zambada aún debe conservar escondida en paraísos fiscales, sótanos, ranchos sinaloenses o empresas legalmente constituidas.
Por último, si se decanta por repartir millones, pero no delatar a socios y amigos, “El Señor”, “El del Sombrero Blanco”, “Doctor”, “Mike” o como lo quieran llamar, va a mantener la satisfacción de haber permanecido fiel a su bajo perfil y a su leyenda.
Insisto que este escenario es sólo un cálculo personal, pues la decisión de “El Mayo” ya descansa en el escritorio de su defensor Frank Pérez. La opción de que entregue evidencia valiosa que comprometa a terceros está vigente, pero montañas de información no cambiarían mucho el memorándum de su sentencia como sí lo harían unos cientos de millones de billetes verdes.
Ya veremos el lunes si es que los fiscales dan a conocer a cuánto asciende “el decomiso penal”, para que comencemos a darnos una idea de por dónde avanzan las negociaciones.