Redacción Animal Político · 11 de mayo de 2025
¡Marco Antonio vive! El unísono grito de mujeres y hombres empezó a esparcirse desde la comunidad de Cacahuatepec, municipio de Acapulco; el eco se deslizó en el río Papagayo y llegó al lugar conocido como El Fraile, donde hace 22 años instalaron un plantón contra la presa hidroeléctrica La Parota. Su llegada, el 26 de abril de 2025 con los rayos del sol de mediodía se escuchó la voz de una señora –“ira, vienes llegando a tu tierra, Tigre” –, mientras otra sin poder contenerse se soltó en sollozos cuando bajaron el féretro de Marco Antonio Suástegui Muñoz de la carroza Porcayo. Las lágrimas rodaban en los palidecidos rostros de los pobladores. Algunas niñas y niños se quebraron al no poder soportar el dolor colectivo por el defensor de las tierras. Sumidos en la tristeza, responsabilizaron al gobierno.
El viento se trajo otra ola de gritos ¡viva el CECOP! Rebotaba de orilla a orilla del río, donde Marco acostumbraba cruzar para acudir a las asambleas con las comunidades. Entre varios campesinos lo bajaron para subirlo a la panga y, escoltado por policías comunitarios del grupo que fundó, lo pasaron por las verdosas aguas del Papagayo. Río arriba varias personas quedaron contemplando el féretro. Las consignas seguían como un tumulto de voces amontonadas, parecido al ruido de las aguas crecidas en temporada de lluvia. Cuando llegó al otro lado, en el arenal de su pueblo y donde había dejado su ombligo, se soltaron en llanto incontrolable niñas, mujeres y hombres. La voz temblaba de impotencia. ¡Por qué, Marco; por qué nos dejaste!

Marco esperó a que pasaran todas las personas. Cuatro campesinos lo sostenían, al lado una valla de mujeres con sus rebosos en la cabeza. Las lágrimas no dejaban de salir, de gota en gota caían en las piedras y resbalaban en la arena seca. Los policías comunitarios se colocaron al norte y al sur de la ribera del río para hacerle guardia. A unos 150 metros se apreciaban algunos árboles caídos y enterrados que dejaron las aguas crecidas por el huracán John. Súbitamente irrumpían los gritos de protesta ¡Marco amigo, el pueblo está contigo!
El ataúd quedó posado sobre madera que el río arrastró en temporada de lluvia, siempre mirando al Fraile. Algunos reporteros y camarógrafos retrataban el lúgubre momento, lleno de sensaciones de injusticia. En los caseríos se alcanzaban a ver las torres de la iglesia. A pesar del canto de las aves, el silencio llegaba de a ratos como remolinos de agua que salían desde lo más profundo. Integrantes de Tlachinollan subieron a la panga. Luego siguieron los últimos comuneros y comuneras. La caminata empezó con los pasos bruscos que se hundían en la arena y resbalaban en las piedras. Era más una marcha digna por la justicia. El bullicio del viento, el polvo y los pasos firmes creaban un ritmo para la última batalla, si no fuera por los rostros languidecidos que expresaban el dolor. Los lomeríos que se asomaban a lo lejos fueron testigos de su entrañable defensor, su entereza y el acero que forjó para enfrentarse a los caciques y espurios gobiernos.
Cuando Marco estaba frente a la iglesia empezaron las campanas. El sacerdote ya estaba en la puerta para recibirlo con un sahumerio y el agua bendita. Siguieron al fondo, frente a un cristo. En seguida fueron por una mesa para que reposara durante la misa. En un contexto de violencia, el presbítero habló de paz, verdad y la vida. Los minutos pasaron, pero al finalizar se acercaron la esposa y las hijas con la caja abierta. A las 12:30 del día varias mujeres aprovecharon para despedirse.
Después de salir de la iglesia lo llevaron a un cuarto de la casa de su tío Juan Suástegui, para que velaran su cuerpo. Las flores, velas y veladoras fueron colocadas en el piso. Los arreglos florales quedaron en un corredor. A pocos minutos un grupo de mujeres cantoras empezaron con los cánticos religiosos. Las lágrimas no cesaban. Los campesinos y campesinas empezaron a llegar poco a poco desde Huamuchitos, Apalani, La Concepción, Agua Caliente, Los Huajes, Cruces de Cacahuatepec, Cantón, Ilamos, Espinalillo, y otras comunidades circunvecinas.

En noviembre de 2023 realizó varios recorridos en las comunidades del núcleo agrario de Cacahuatepec para registrar los daños que había causado el huracán Otis y denunciar públicamente el abandono de las autoridades. En septiembre de 2024, con el huracán John, Marco tomó fotografías de las inundaciones de casas y escuelas porque el río Papagayo salió de su cauce. El sentimiento de injusticia es algo que no podía tolerar el líder histórico del Cecop. Esa ocasión, con el rostro preocupado dijo: “a la presidenta municipal no le interesa cómo vive la gente”, “la gobernadora sólo es de pasarela, mientras, los pueblos están sumidos en la miseria, abandonados y en las garras de los mañosos”.
A 50 metros de donde ahora permanecía como dormido con su sombrero y su machete estaba la escuela que quedó sepultada por la arena del río que se desbordó con el huracán. Las paredes quedaron destrozadas. Muchas casas quedaron sin techo y bajos los árboles que cayeron por los fuertes vientos. Con desesperación Marco buscó organizaciones aliadas para reconstruir las comunidades, sobre todo para impulsar iniciativas de autogestión en la zona, donde el problema del agua es crucial. Ante la inacción de las autoridades, algunas personas han optado por realizar pozos profundos para encontrar el líquido vital. La desolación sólo es interrumpida por el silencio, el canto de las aves, el revoloteo de los insectos y el ruido de los reptiles en los matorrales.
Al filo de la una de la tarde el aire corre con el vapor que desprenden las piedras del río. Mujeres y hombres siguen llegando para estar un rato con Marco. Quienes habían llegado desde la mañana empezaron a retirarse. Los diálogos entre las personas que se mantenían eran sobre el defensor de la tierra y el río; su temple en las protestas, en el campo y en la playa del puerto de Acapulco. En la cocina las mujeres pensativas elaboraban las tortillas cerca del fogón.
Después de las tres de la tarde quedó una mancha de comuneros y comuneras para velar el cuerpo de Marco Antonio, rodeado de flores y el humo de copal. Algunas organizaciones sociales se retiraron, pero volverían al día siguiente. Volvieron a pasar la panga que manejaba Lupillo, uno de los que estuvo en la cárcel en el 2018 con Marco y Vicente Suástegui. En un brazo pequeño del río unas señoras lavaban su ropa. El Fraile, nuevamente; llegó el recuerdo del pundonor del líder del CECOP. La carretera, en parte de terracería, de regreso al puerto pasaba por una de las gravilleras que Marco combatió para que dejara de saquear materiales pétreos. En el crucero de San Isidro Gallinero, adentro en los terregales había caminado para buscar a su hermano Vicente, que fue desaparecido la noche del 5 de agosto de 2021. Era enorme su esperanza por encontrarlo. Reclamó a las autoridades que se lo entregaran, les mandó mensajes a los delincuentes para que lo dejaran ir, pero no lo escucharon. Tuvo que hablar con la lluvia, el mar y el viento: ¿dónde está Vicente?
A las ocho de la mañana del domingo 27 de abril, familiares, comuneras y comuneros, amigos, amigas con los ojos hinchados abrazaron las flores y cargaron los arreglos florales para llevarlo al camposanto. Los cánticos religiosos seguían en coro. Una señora invitó a los campesinos que le hicieran reverencia a Marco. A las 9:21 de la mañana empezaron a caminar rumbo a la iglesia y cuando se acercaron el repique de las campanas empezaron incesantemente. Pasaron cuatro minutos y el féretro quedó frente a la puerta principal de recinto sagrado. Los familiares le vertieron agua bendita. Luego lo presentaron en la cruz y retomaron el camino al panteón.
Don Julián, uno de los fundadores del Cecop, con otros campesinos caminaba adelante del ataúd con los machetes arriba en son de batalla. Los rayos del sol atravesaban las hojas de los árboles y traslucía el polvo que se levantaba en el camino. ¡Viva Marco Antonio!, gritaba la gente. La voz rebotaba con la melodía de la banda de viento que acompañaba. El silencio estaba en los cerros y barrancas, pero aquí prevalecían los gritos de justicia. En la reivindicación de la lucha del líder social los gritos hacían eco de casa en casa: ¡La tierra no se vende, se ama y se defiende! ¡Zapata vive, la lucha sigue! ¡De norte a sur, de este a oeste, seguiremos en la lucha cueste lo que cueste! ¡Viva el CECOP! ¡Fuera la CFE! ¡Marco vive, vive, vive!
Un campesino dijo: “Marco fue combativo, fue un guerrero de hombre, valiente aquí en el pueblo de Cacahuatepec. Nunca vamos a dejar la lucha porque sigue”. A unos metros se miraba el panteón, en la cima de un cerrito. Lo presentaron frente a la cruz por un minuto y en seguida lo colocaron al lado de su sepulcro. Las palabras de algunos personajes empezaron a surgir. El exgobernador Rogelio Ortega habló del encarcelamiento de Marco en el penal de Tepic, Nayarit, sobre todo, que había apoyado para trasladarlo al penal de la Unión, Guerrero. Verborrea de políticos carroñeros. Fueron más los esfuerzos del movimiento del CECOP, encabezado por Vicente Suástegui, por reclamar la liberación de Marco.
“Hemos encontrado en Marco Antonio una fuente de inspiración de cómo se lucha por los derechos del pueblo”, empezó Abel Barrera. Rememoró que Marco estudió arquitectura. A pesar de las oportunidades y relaciones con grupos de poder, nunca ocupó un cargo. Se mantuvo fiel a la lucha de los pueblos con su machete en mano, “con el cuerpo enfrente, peleando, encarando al poder y desenmascarando a los políticos. Aquí quisieron entrar los de la CFE, los gobernadores, los políticos, la UPOEG y los mismos policías municipales de Acapulco para atacar a los comuneros, dividir la organización e impedir que defendieran la tierra. Pero Marco les dijo la tierra no se vende, se ama y se defiende”.
Los relatores de la ONU desaprobaron la construcción de La Parota. Era un proyecto de muerte. El líder social realizó consultas en asambleas y fue a los tribunales donde se ganaron cinco resoluciones agrarias. En el homenaje a Marco, Abel le dijo: “Te mataron porque quieren que el pueblo viva de rodillas. Vamos a seguir tu ejemplo, Marco. No lo vamos a permitir. Tenemos que continuar con el CECOP. No puede quedar ahí también sepultado el CECOP. Y aquí queda su cuerpo, queda la memoria de Marco, queda su lucha, su dignidad, su testimonio. Todos somos Marco. No te vamos a defraudar. Exigimos al gobierno investigue tu asesinato y den con el responsable para que se haga justicia”.
Al final, un minuto de silencio levantando el puño. Lo recordaron como el defensor del agua, de la tierra, la salud y el bosque. El hombre de filo que siempre llevó consigo las piedras del río Papagayo, nunca traicionó al pueblo, al contrario, se enfrentó con el gobierno. “Estamos tristes, pero nos sembró esperanzas. Lo llevamos en el corazón. Fue un luchador que tenía la sangre de Emiliano Zapata”.