Redacción Animal Político · 7 de marzo de 2025
El próximo sábado saldremos a tomar las calles, gritando consignas que exigen detener todo tipo de violencia contra las mujeres. Esta lucha, que comenzó en 1908 liderada por obreras que demandaban derechos laborales, se ha transformado en un movimiento global que reclama igualdad en todas sus formas. Aquí en México, el #8M es un grito desesperado: sí, por jornadas laborales justas, oportunidades equitativas y salarios dignos, pero también por el derecho básico a estar íntegras y vivas. La aberrante realidad de 10 feminicidios diarios en nuestro país sobrepasa cualquier otro miedo.
“¡Ay, qué exageradas! Hay otras formas”, nos suelen decir. Y sí, las hay. Pero ya las agotamos todas. Aun así, la violencia física, emocional, psicológica, patrimonial, digital y sistémica no cesa. Pareciera que aumenta, incluso en espacios que deberían ser seguros para nosotras. No es ninguna novedad que la mayoría de las agresiones provengan de alguien cercano: según datos de Unicef, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años son víctimas de violencia por parte de sus parejas, y 1 de cada 4 en el caso de las adolescentes.
“¡Ay, ¿por qué no se van de ahí?! Se quedan porque quieren”, también escuchamos. Pero no se trata de un problema del ámbito privado que cada una deba resolver por sí misma. No debe ser responsabilidad de las víctimas el ponerse a salvo, es algo que la sociedad debería cambiar en conjunto y buscar acciones para prevenir y detectar a tiempo agresiones que pueden resultar fatales, brindar redes de apoyo y atención apropiadas para quienes sufren violencia y sobre todo, debemos llegar a ser capaces de construir comunidades lo suficientemente educadas como para que no haya más agresores.
Desde Mexicanos Primero, en alianza con la Fundación Naná, presentamos una herramienta inspirada en la historia real de una joven que no marchará nunca más: Ana María, víctima de una relación violenta que terminó con su vida, a pesar de que, en retrospectiva, pareciera que las señales o banderas rojas siempre estuvieron a la vista.
Esta herramienta es un cuestionario titulado “Las banderas rojas en tu relación”, diseñado para que, desde las aulas, maestras y maestros reflexionen con sus estudiantes sobre sus relaciones. El objetivo es que puedan pedir ayuda no solo si son víctimas de conductas violentas, sino también si son quienes las ejercen.
El cuestionario confronta con preguntas como:
Este test, junto con una guía para aplicarlo y darle seguimiento, está disponible aquí. Lo pueden descargar todas las personas con adolescentes a su cargo y también las jóvenes, para que lo conozcan, lo conversen y contribuyan a desnormalizar comportamientos abusivos cotidianos.
Claro, hace falta más que un cuestionario y una pancarta escrita en color morado, pero es el comienzo de lo mucho que podemos hacer por las demás Ana Marías. Nos vemos en la calle, las que todavía estamos, este 8 de marzo.