Redacción Animal Político · 24 de julio de 2025
Hasta antes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) presentados en 2015, la humanidad había carecido de una brújula en común en materia de progreso y desarrollo. Estos objetivos, a pesar de ser algo muy reciente, son uno de los grandes hitos civilizatorios a escala global y constituyen una muestra esperanzadora de lo que se puede lograr si el mundo se pone de acuerdo en una visión compartida de progreso.
Por supuesto que estos objetivos no son perfectos. En contraste con lo que se hizo con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que fueron preparados por un conjunto de expertos y adoptados por las Naciones Unidas en 2000, los ODS se armaron de manera más horizontal y supusieron el logro de consensos. Para construirlos hubo que negociar entre 193 países y diversos organismos internacionales, lo que implicó aceptar concesiones, sacrificios y balances con el propósito de lograr lo deseable en la medida de lo posible. Hubo entonces un proceso político complejo, culminando en el acuerdo de tener 17 objetivos universales:
Alcanzar esta convergencia de intereses entre países con tantas diferencias, que incluyen democracias, autocracias, dictaduras, regímenes presidencialistas o parlamentarios, monarquías y teocracias; con distintos niveles de desarrollo, idiosincrasias, sistemas de creencias, valores, culturas, antecedentes históricos, filias, fobias, etcétera, es un reto formidable. Se entiende que se haya tenido que hacer sacrificios en el camino.
Además, los ODS tienen la virtud de ser medibles mediante los indicadores asociados al monitoreo de cada objetivo, de manera que más allá de los buenos deseos y los discursos, todo el mundo pasa a la balanza y se exhiben los logros y los rezagos de cada país, con respecto de los demás y de sí mismo.
También conocidos como la Agenda 2030, los 17 ODS atienden aspectos relacionados con el mejoramiento compartido de la calidad de vida económica y social de los seres humanos en el marco del cuidado del medio ambiente.
Reflejan una visión del progreso que busca eliminar la pobreza, desterrar el hambre, mejorar la salud y la educación, reducir las desigualdades, promover el crecimiento económico y el trabajo decente, favorecer la producción y el consumo responsables, así como el cuidado del medio ambiente con énfasis en el manejo del agua, la acción por el clima y los ecosistemas terrestres y acuáticos; sin descuidar aspectos de la vida en las ciudades y comunidades, además de la promoción de la paz, la justicia, instituciones sólidas y las alianzas para lograr los objetivos. Así mismo, los ODS contienen una serie de indicadores transversales en temas como equidad de género, educación y cultura.
A 10 años del lanzamiento de los ODS, el pasado 24 de junio 2025 se presentó el “Reporte de Desarrollo Sostenible 2025” (publicado en inglés como “Sustainable Development Report”). Dado que no todos los países están al corriente en la producción de los 234 indicadores considerados para el monitoreo de los objetivos, el Reporte de Desarrollo Sostenible 2025 usa un conjunto de 126 indicadores, de los cuales 102 son comparables entre todos los países y 24 sólo son monitoreados entre los países miembros de la OCDE. Así mismo, para fines de seguimiento de su evolución en el tiempo, los autores del reporte se valen de una versión simplificada de los ODS, alimentada por un indicador representativo de cada objetivo, bajo el supuesto de que esta medida arroja señales de la dirección y magnitud de los cambios ocurridos razonablemente cercanas a la realidad.
El reporte entrega noticias entre regulares y malas a nivel mundial, puesto que el conjunto de los países sigue mostrando un rezago importante en todos los objetivos, con retos mayores en materia de la eliminación del hambre y del avance en materia de salud y educación, así como en la generación de ciudades y comunidades sostenibles y la conservación de la vida acuática y terrestre. Por si esto fuera poco, también el mundo está especialmente retrasado en el avance de las metas en términos de paz justicia y fortalezas institucionales. En el resto de los objetivos se muestran con avances entre lentos o moderados, pero en general insuficientes, con diferencias notables entre países y regiones.
Los resultados subóptimos tienen un origen multifactorial, pero en particular hay tres fenómenos de alcance global que ayudan a encuadrarlos:
En el reporte, el nivel alcanzado en el logro de los ODS se calcula con un índice que va entre 0 y 100, de manera que aquellos países que hubieran alcanzado cabalmente el objetivo tendrían 100. Entonces si un país reporta 85 es porque le falta por avanzar el 15 % del camino; si reporta 50 es que está a la mitad del recorrido de acuerdo con el dato más reciente; también se observan diferencias importantes en la actualización entre países e indicadores. Además de esta medida de nivel alcanzado, se reporta la evolución, en puntos porcentuales, desde 2015 hasta la actualidad. Para el seguimiento de la evolución de los 17 objetivos se emplea un promedio de 17 indicadores, uno en representación de cada ODS, en el que cada uno pesa igual. Destaca que:
Dicho lo anterior, es conveniente mencionar que el criterio seguido para ordenar a los países puede llegar a comparar incomparables, al permitir tomar en consideración a países que no ofrecen información para algunos objetivos, pudiendo hacerlos quedar en un lugar mejor o peor del que les correspondería si contaran con información para todos los objetivos y para todos los indicadores en cada objetivo. En particular, para la integración del ranking se permite la ausencia de información hasta para el 20 % de los indicadores.
Por otra parte, los ODS son en principio medibles, pero en la práctica resultan muy exigentes en términos de la información que demanda su adecuado seguimiento. De los más de 230 indicadores que conforman el marco global, menos de la mitad se incluyen en el Reporte de Desarrollo Sostenible 2025 y, de ellos, una cantidad importante no se reporta en absoluto o de manera actualizada por muchos países. El reto estadístico es especialmente difícil de atender para los países menos desarrollados, de modo que, aún con el criterio de aceptar hasta el 20 % de indicadores faltantes, el reporte dejó fuera del ranking a casi una treintena de países por insuficiencia de información.
Conviene también reconocer que, si bien el uso de un ranking establecido a partir de los promedios de logro de los 17 ODS es de cierta utilidad para hacer sentido de un conjunto tan grande información, el uso de pesos iguales para cada objetivo, y de cada indicador al interior de cada objetivo, es cuando menos discutible. La idea de darles pesos iguales trasluce la intención de reconocer igual importancia cada uno de los objetivos. Sin embargo, esta justificación resulta más difícil de aceptar a nivel de los indicadores al interior de cada objetivo, dado que hay indicadores cuya alineación con el objetivo al que pertenecen es muy débil o hasta forzada, además de que en algunos objetivos se mezclan indicadores de desempeño con indicadores de gestión, que en principio deberían tener jerarquías distintas y, por lo tanto, pesar distinto. Entonces, conviene leer estos rankings como indicativos aproximados del grupo al que se pertenece, más que como un reflejo preciso de posiciones relativas puntuales.
* Gerardo Leyva (@GerardoLeyva14) es economista especializado en bienestar, pobreza y crecimiento económico. Tiene un doctorado por la Cornell University. Dirigió el área de investigación del INEGI durante 15 años, fue asesor de tres presidentes del INEGI y estuvo a cargo de los censos, encuestas y registros administrativos referidos a unidades económicas que produce dicho Instituto. Actualmente es Coordinador del Laboratorio Interdisciplinario de Encuestas y Datos Sociales de la Universidad Iberoamericana y y forma parte del grupo de Expertos México, ¿cómo vamos?
1 El análisis del progreso de México en el caso de los ODS tiene una entrega propia, subsecuente a esta primera entrega.