Mujeres pioneras: todas podemos ser “la primera mujer que…”

Redacción Animal Político · 10 de marzo de 2025

Mujeres pioneras: todas podemos ser “la primera mujer que…”

Ninguna pregunta es tonta. Aunque las cosas puedan parecer imposibles, aunque los expertos digan que algo es imposible, aunque haya que seguir el camino sola, no hay que tener miedo a estar equivocada, a admitir errores; aquellos que sepan fallar de forma estrepitosa son los que pueden conseguir cosas grandiosas.

Margaret Hamilton.

 

Hace poco alguien me preguntó cómo le hago para sobreponerme cada que el mundo académico me decepciona. La mayoría de las veces son circunstancias de injusticia y abuso y, aun así, me he empeñado en seguir y no quitar el dedo del renglón, aunque no sea nada sencillo. El 99 % del tiempo tengo que lidiar con una lucha interna de decepción cuando sé de casos en donde a alguien le negaron un espacio por ser mujer, le plagiaron un trabajo, fue objeto de acoso, discriminada o, incluso, la anécdota de alguna que ya se acostumbró a los micromachismos cotidianos. ¿Hasta cuándo? Suelo preguntarme con cierta regularidad.

Pues bueno, cotidianamente me obligo a mí misma a hacer un ejercicio de reflexión y todas las veces me llevan a recordar el 1 % de las cosas que me hacen aferrarme a seguir luchando por mi propio lugar y no sólo el mío, sino también el de las demás que vienen a mi lado y detrás. Quizás los números no son buenos, pero las siguientes razones, lo valen todo.

Es necesario poner un alto a un par de aspectos absurdos e irrisorios por parte de la necedad científica masculina: las desventajas de investigar sin incluir la participación de científicas y las desventajas de no investigar sobre temas relacionados con las mujeres.

Investigar sin incluir la participación de científicas provocó uno de los mayores ridículos que se han suscitado en la historia de la ciencia, específicamente en la industria aeroespacial de los Estados Unidos.

Hacia los años 80, la física Sally Ride, quién ya formaba parte de la NASA, fue elegida para participar en una de las misiones Challenger (la anterior a la misión que terminó en catástrofe). Para esta misión, los científicos le preguntaron si 100 tampones sería una dotación suficiente para su misión de 6 días en el espacio. La historia completa está explicada en esta maravillosa conferencia que tiene como origen un video original de Marcia Belsky. Cualquier mujer sabe que ni en los días más brutales del ciclo menstrual ocupas más de 15 tampones, ¿cómo es posible que a ninguno de estos hombres se les ocurriera preguntar primero cuántos necesitaría e, incluso, si serían necesarios para los días específicos de la misión? Las mentes más brillantes de ese país no tenían idea de cómo es el ciclo menstrual de las mujeres.

Sobre las desventajas de no investigar temas femeninos están las absurdas creencias que se tenían sobre la posibilidad de que ciertas actividades favorecían la caída de la matriz, de la injusticia reflejada en la variedad de anticonceptivos femeninos contra los masculinos, de la dificultad para identificar síntomas de infartos cardiacos en mujeres e, incluso, de las fallas en el diseño de los autos y su correlación con una mayor predisposición de las mujeres de sufrir lesiones severas. Todo esto con la excusa de que es más sencillo utilizar a los hombres como el cuerpo humano estándar. En conclusión, históricamente ha sido más sencillo para muchos científicos inventar excusas para no incluir temas femeninos en sus investigaciones.

Aún así, las razones para mantenernos en la batalla son las historias de mujeres que fueron absolutas pioneras en su campo de acción, cuyos legados sirven como herencia y recordatorio para nuestra generación y las subsecuentes.

En la Roma del siglo XVII maravillaba el dominio artístico de nada menos que Caravaggio. Es el momento boom del arte florentino que exhibía cuadros con escenas donde la luz y las tajantes sombras eran protagonistas. En este contexto, nace nuestra querida Artemisia Gentileschi. Su historia es indignante, por decir lo menos. En una época en donde las mujeres sólo podían cumplir con el destino de ser madres y esposas (¿ya superamos esa época?), ella decidió convertirse en pintora. Este desafío la estigmatizó al punto de jugarle en contra. Durante sus años de instrucción artística en el taller de su padre, un mentor la violó y ella lo denunció. En un juicio en el que se puso en duda su testimonio porque “era una mujer que tenía relación con otros hombres debido a su actividad como pintora” y además fue torturada para “verificar” su versión de los hechos, el agresor fue identificado como culpable y sentenciado al exilio. Sin embargo, gracias a sus contactos regresó tiempo después.

A pesar de la indignación y el atropello a su dignidad, Artemisia se mudó años más tarde al epicentro del arte, Florencia, en donde pudo labrar su propio prestigio como la primera mujer pintora, la primera admitida en la Academia de las Artes del Dibujo y la primera en recibir encargos tan importantes como los que le hizo Felipe IV de España y Carlos I de Inglaterra.

Finales del siglo XIX en la región de Europa del Este. María Salomea Skłodowska, quien más tarde sería reconocida como Marie Curie, tuvo que crecer en un país invadido por Rusia que, además de ocupar físicamente el espacio, intentaba borrar la identidad cultural de la gente imponiendo el idioma ruso y su cultura.

Marie tuvo que crecer en esa constante resistencia, misma que quizá la habría preparado para su primera decepción académica: la rechazaron de la Universidad de Varsovia porque era una mujer judía. Ante esto, Marie decidió ingresar a una universidad clandestina para poder estudiar.

Las dificultades para poder tener una carrera universitaria en su país llevaron a Marie y su hermana Bronya a hacer un “pacto de damas”: mientras una estudiaba en la Universidad de París, la otra trabajaría para poder solventar los estudios. Así fue que, en tanto Bronya estudiaba medicina, Marie trabajaba como institutriz. Años más tarde las hermanas invirtieron los papeles y Marie se licenció en física y más tarde en matemáticas.

Marie Curie debió enfrentarse al machismo una y otra vez, a lo largo de su vida, pero estas constantes negativas no hicieron más que impulsarla hacia adelante. Fue la primera mujer en recibir un premio Nobel, la primera mujer profesora de la Universidad de París y la primera directora de un laboratorio. A partir de ella, de 1906 a 1934 la misma universidad contrató a más de 40 mujeres.

Años más tarde, en el contexto de la primera guerra mundial, Marie y su hija Iréne insistieron en el valor que tenían las radiografías como algo que podía salvar vidas de los soldados en el campo de batalla. Para sorpresa de nadie, los hombres del ejército y los cirujanos franceses no querían trabajar con ella por la simple razón de ser mujer. Siendo Marie una mujer tenaz, organizó una flota de camionetas con rayos X portátiles que más tarde, en efecto, demostró que salvaron vidas.

En los años 60 y 70, nuestra protagonista, Margaret Heafield, mejor conocida como Margaret Hamilton, fue la responsable de evitar que ocurriera una nueva catástrofe en la historia aeroespacial estadounidense. Margaret creció en un ambiente en el que su padre y su abuelo no sólo respondían todas sus preguntas, sino que la impulsaban a seguir haciéndolas. Inició su carrera científica como matemática, área en la que era la única mujer, según a contado en entrevistas.

Hamilton trabajó en el proyecto de Apolo 11 dirigiendo un equipo de ingeniería de software (término que ella misma acuñó), en el que todos los demás eran hombres. Su experiencia en este campo la llevó a crear un código que permitió que el 20 de julio de 1969, en medio de la carrera espacial y la Guerra Fría con Rusia, la misión a la Luna no terminara en una pesadilla.

Así como Artemisia Gentileschi, Marie Curie y Margaret Hamilton, infinidad de mujeres lograron florecer en entornos aún peores que los nuestros. Por qué nosostras no. Contra todo discurso misógino que nos ha intentado engañar de nuestra “naturaleza débil”, estos ejemplos me recuerdan constantemente que, al igual que la flor de loto que logra florecer en medio del lodo, las mujeres venceremos aún en medio del lodazal de la fragilidad masculina.

* Kathia Elisa García-Gómez (@LaKathirina) es socióloga, antropóloga y doctorante en Filosofía de la Ciencia. También es una absoluta fanática del arte, coleccionista de fun facts y novata de la Comunicación Científica.

 

Nota de la autora: Este texto es una adaptación de una conferencia que impartí en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México el 11 de Febrero de 2025, en el marco del Día internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia. Decidí retomar esta discusión en el marco del #8M no sólo porque se trata de defender los derechos de nosotras las mujeres (tanto en el rol de científicas como de la investigación de los temas del género) sino también porque sigue siendo urgente la desacralización de la esfera académica, como un espacio horizontal y democrático para quienes participan en ella.

 

Fuentes:

Sadurni, J. M. 2024. Marie Curie, la madre de la física moderna, Historia, NatGeo, España.

Herrera Neus, 2021. Mujeres de Ciencia: Marie Curie y su legado para la humanidad, Amnistía Internacional, España.

Navarro, Fran. 2022. Margaret Hamilton: la mujer que llevó al hombre a la Luna, Muy interesante.

Martins Alejandra. 2016. Quién es Margaret Hamilton, la ingeniera pionera de las misiones Apolo a la luna que premió Barack Obama, BBC.

Pagano Alessandra.  2023. Artemisia Gentileschi, la lucha de una pintora herida, NatGeo, España.