Justicia Energética: ¿cómo se hace? ¿Cómo se come?

Claudia Ramos · 17 de febrero de 2026

Justicia Energética:  ¿cómo se hace? ¿Cómo se come?

Nunca sé cuándo pausar las felicitaciones por el año nuevo, así que me reservo el derecho de felicitarlos hasta que me canse. ¡Felicidades a tod@s y que en este 2026 no sufran apagones, ni pérdidas de electrodomésticos por variaciones de voltaje!  Tal es mi mejor deseo.

Para que así sea, hay que retomar el tema de la Justicia Energética, tan necesario como espinoso, porque es arduo averiguar dónde falta, cómo se manifiesta y, más aún, los pasos para remediarla.

El primer paso hacia ella requiere de identificarla, cosa que, de forma intrincada, hace su definición legal. No la citaré textualmente para no indigestar a nadie. En suma, la Justicia Energética es todo lo que toca hacer para reducir la Pobreza Energética, las desigualdades sociales y de género, y las insuficiencias en el desarrollo regional. Para ello, alguien (pues no se aclara quién) debe proveer energía “confiable, asequible, segura y limpia,” además de saludable y benévola con el medio ambiente”. También deben abrirse espacios de participación inclusiva, principalmente para los pueblos originarios, “en las cadenas productivas locales de los proyectos energéticos”.

Si fuera funcionaria en la SENER, ante la magnitud de este reto, podría o fingir demencia que la Justicia Energética hoy es un mandato de ley, o enfrentar que lograrlo es más difícil que hacer tortitas de huautzontles. El símil no es baladí pues tanto las tortitas, como la Justicia Energética, requieren desmenuzar, pacientemente, ramita por ramita, para no hacer un batidillo. Comencemos, pues:

1. Justicia Energética es combatir la Pobreza Energética, entendida ella como “Situación que ocurre cuando en una vivienda no se alcanza a satisfacer una o más necesidades energéticas básicas, como son el calentamiento de agua, cocción y conservación de alimentos e iluminación, debido a sus condiciones de ingresos y carencias sociales”.

Pregunta: ¿la SENER ya tiene plenamente identificada la extensión y profundidad de la Pobreza Energética en México? ¿Qué estudios ha realizado o a cuáles ha recurrido para identificarla?

2. Justicia Energética es cerrar brechas de desigualdades sociales y de género.

Reflexión y pregunta: he de suponer que las brechas de desigualdad y de género se deben de relacionar con el uso de los energéticos. ¿La SENER ya tiene identificadas y definidas estas brechas de desigualdad y de género? ¿Cómo las entiende? ¿A partir de qué metodología?

3. Justicia Energética es detectar insuficiencias en el “desarrollo regional”.

Reflexión y pregunta: Me pregunto cómo construyen la noción de desarrollo regional. ¿Cómo relacionan desarrollo regional con el uso energético?

Ni siquiera voy a la mitad del tallito de huauzontle y ya estoy abrumada. También falta definir cómo armar los espacios de participación inclusiva, determinar qué energía es “confiable, asequible, segura y limpia,” además de saludable y benévola con el medio ambiente, para cada contexto en particular –porque no se trata tan sólo de atascar techos con paneles solares.

Quehacer tal vez fácil fue establecer que la Justicia Energética hoy es un mandato de ley. La parte difícil será prepararla, pues no hay recetas infalibles y, al igual que las tortitas de huauzontles, hay que aprender y saber cómo se come.

* Miriam Grunstein Dickter es abogada y experta en energía. Grunstein es Académica Afiliada del Mexico Center de James Baker III de Rice University, donde desarrolla trabajos de investigación sobre energías renovables, transición energética, desarrollo de nuevas tecnologías, sustentabilidad y compromisos internacionales para la reducción de emisiones y combate al cambio climático. Experta México, ¿cómo vamos?