Redacción Animal Político · 4 de agosto de 2025
A propósito del Día Internacional de los Pueblos Indígenas que se conmemora cada 9 de agosto en el mundo y que se reconoció hace más de 30 años por la Organización de las Naciones Unidas para mostrar la situación en la que vivimos los pueblos y comunidades indígenas en diversos territorios y, en el año de la Mujer Indígena anunciado desde las instituciones gubernamentales de este país, hoy nuestra palabra como mujeres jóvenes originarias de pueblos indígenas la compartimos en este espacio.
Hoy, queremos compartir e invitar a la reflexión a quienes leen estas líneas y que quizás pueden observar fiestas, desfiles, convites con motivo de este día de quiénes somos las juventudes indígenas que vivimos actualmente en múltiples espacios urbanos a causa de las migraciones nuestras y de nuestras familias. Nosotras no solo somos las indumentarias tradicionales, coloridas y con hermosos bordados; somos también las músicas, los alimentos, las otras formas de organización comunitaria, somos herederas de las luchas que se han dado en el contexto del sistema racista que ha permitido el saqueo de los bienes naturales y el despojo de nuestros territorios.
También somos el resultado de procesos educativos, formativos, comunitarios y comunales que hoy nos traen hasta acá y nos han permitido seguir, pese a las múltiples crisis que vivimos actualmente y que no podemos dejar de mencionar como es el de seguridad, la extracción y despojo de nuestros territorios. Desde los pueblos Yaquis hasta el territorio Maya; desde el territorio Wixárika hasta la defensa en Cherán K´eri, nadie se salva.
Esta situación en México ha llevado a muchas personas a migrar, a ser desplazadas, a buscar refugio en distintos centros urbanos, a vivir con miedo; esas historias, también son las nuestras. La vida comunitaria se ve trastocada: la cultura, la lengua, las tradiciones y las propias costumbres o formas que tuvimos que cambiar. Las razones de la migración son múltiples, pero no es casualidad que en las comunidades de pueblos originarios se concentren los mayores índices de rezago educativo y falta de oportunidades laborales en cualquier índice o medición que se consulte y nos obligue a buscar otros espacios en México y fuera de él. Estas desigualdades se agudizan cuando quienes enfrentan mayores obstáculos para acceder a derechos básicos son, además, mujeres, jóvenes, indígenas, pobres y migrantes.
Las violencias que nos atraviesan dentro y fuera de nuestras comunidades deben ser señaladas: por nuestra edad, orientación sexual, identidad de género, condición familiar, grado académico, estatus comunitario, etc. ello nos han permitido entender que nuestras luchas se encuentran entrelazadas con muchas otras; que pueden existir miles de violencias, incluso en los espacios comunitarios; que nuestra palabra es valiosa igual que otras, que nuestras lenguas, nuestro color, nuestras propuestas son dignas y deben ser escuchadas.
De esta forma, decimos que nuestros cuerpos en la calle y nuestra palabra en todos los espacios posibles son parte de la exigencia y visibilización de que las personas indígenas estamos en múltiples espacios y que para nosotras no es ya un signo de vergüenza a pesar de seguir viviendo en una sociedad racista.
Hoy reivindicamos la felicidad, el derecho a mostrarnos al mundo como somos, a compartir que los avances y propuestas también han sido construidas desde nosotras como parte de la búsqueda de la justicia social, de la igualdad, del derecho a aparecer socialmente sin matizarnos, de vestir o hablar de una forma diferente, para que no noten que no somos originarias de tal o cual espacio; a que se tome en cuenta nuestra palabra y vida como mujeres con agencia, conocimientos, formación y experiencias. El derecho a ser nosotras mismas. Hoy, falta mucho para lograr diálogos interculturales con el Estado, pero vamos en ese camino y exigencia.
Por eso estamos aquí y vamos a seguir conmemorando otros 9 de agosto sin esencialismos como de pronto gusta tanto mirarnos o describirnos; para denunciar y señalar lo que nos atraviesa, para lograr mover algo en voces que han sido silenciadas como las nuestras, para recordarnos que las luchas están en todos los territorios del mundo donde pensamos que podemos vivir dignamente, de que se pueden construir otros y donde podemos estar seguras tejiendo redes de apoyo.
Por las que vinieron antes que nosotras, las que estamos y las que vienen, nunca más sin nosotras.
* La colectiva Iranu (@ColectivoIranu) es un espacio de encuentro entre mujeres de múltiples pueblos originarios que desde 2019 nos hallamos para no estar solas nunca más; somos zapotecas, mixtecas, chinantecas, mixes, otomíes, nahuas y purépecha de diversas edades que residimos en la Ciudad de México y Zona Metropolitana y que hemos migrado por múltiples razones. Iranu es espacio de escucha, de acompañamiento, de compartencia de conocimientos donde podemos ser felices y donde podemos ser nosotras en otros cielos que ahora también son nuestros. Redes: Instagram, Facebook, X.