Redacción Animal Político · 7 de marzo de 2025
Sexenios van y sexenios vienen y la situación de exclusión, precariedad y vulneración de los derechos de las mujeres continúan marcando el panorama de adversidades que enfrentan en el ámbito del trabajo.
De cara a un año más de conmemoración por el Día Internacional de la Mujer, vale la pena desmenuzar las diversas barreras que afrontan la enorme mayoría de ellas.
Con el propósito de aportar al análisis, la reflexión y la toma de decisiones, Acción Ciudadana Frente a la Pobreza presenta un reporte especial basado en ocho historias que, en su conjunto, exhiben los retos multidimensionales que se deben afrontar desde el Gobierno, los órganos legislativos, la iniciativa privada y sociedad civil organizada.
Con datos oficiales, al cierre del año pasado, en México casi 22 millones de mujeres están fuera del sistema laboral, de las cuales 17.7 millones, que representan el 80% de ellas, no pueden salir a buscar trabajo pues se encuentran realizando tareas de cuidado en sus hogares, sin remuneración. Además, 4.3 millones están desempleadas.

Otro aspecto que recrudece la exclusión son las desigualdades laborales y salariales que enfrentan, mismas que aumentan otra vez, según el número de hijos que tienen, la sobrecarga de tareas de cuidado.
La Encuesta Nacional de Ingreso en los Hogares (ENIGH 2022, la más reciente) revela que del total de mujeres que no trabajan, 40% tenían tres hijos o más. Las que tienen 2 hijos fueron el 20% y con un hijo, 12%. Además, conforme aumenta la cantidad de hijos, los ingresos que perciben son menores. Las mujeres con un hijo ganaban, en promedio, 22,504 pesos por trimestre; mientras que con cuatro hijos, el ingreso cae a 13,583 pesos por trimestre.

Ser mujer joven, y mujer indígena, son de las barreras más profundas de la raíz de la pobreza.
En México hay 15. 6 millones de jóvenes oportunidad, son personas de 15 a 29 años de edad que se enfrentan a contextos adversos y que los llevan a vivir en exclusión y precariedad.
De este grupo, 8.2 millones son mujeres (53%), y de ellas, 3.8 millones se encuentran fuera de la escuela y del trabajo, 3 millones están en esa situación por realizar labores domésticas y de cuidado.
Además, 2.7 millones están fuera de la escuela y tienen trabajos precarios; y 1.6 millones que, aunque siguen en la escuela, viven en hogares con pobreza.

En 2022 había 3.4 millones de mujeres indígenas, y más de 80% de ellas, de 15 años o más, tenían nivel de escolaridad secundaria o menos. La ENIGH de ese año revela que 43% no tenían trabajo, y según el CONEVAL, con datos de ese mismo año, 7 de cada 10 estaba en situación de pobreza multidimensional. De quienes trabajan, 82% no estaban afiliadas a ninguna institución de salud.
Las mujeres que sí cuentan con un empleo lo hacen en condiciones precarias. De 24.3 millones que trabajan, 80 % no gana lo suficiente para comprar dos canastas básicas al mes; es decir, tienen salarios de pobreza, y 60 % no tienen acceso a seguridad social ni a servicios de salud. Además, casi 2 de cada 10 asalariadas trabajan jornadas excesivas de más de 48 horas y cerca de la mitad (47%) no tienen contrato estable.
Tener un empleo en el sector formal, tampoco es garantía de que cuenten con salario suficiente para superar la pobreza.
De casi 9 millones de mujeres con trabajo y afiliadas al IMSS, 5.2 millones (58%) carecen de salario digno; esto es, superior a 12,500 pesos al mes. Con salarios de pobreza son 37%; esto es, menor a 12,500 pesos al mes, y 21% perciben salarios de sobrevivencia; es decir, alrededor de 12,500 pesos al mes, monto con el que apenas se cubre el costo de dos canastas básicas.

La inmensa mayoría de las mujeres trabaja en condiciones de informalidad: sin derechos laborales ni seguridad social. En el tercer trimestre de 2024 eran 13.4 millones, que representa 55% de las mujeres ocupadas. Y 82 % de ellas tenían salarios de pobreza, menores al costo de dos canastas básicas.
Además, el trabajo doméstico remunerado recae en gran medida en las mujeres: de 2.3 millones de personas con esa actividad 2.1 millones, 91 % son mujeres.
Del total de trabajadoras domésticas asalariadas, 97 % tienen trabajo informal; 85 % tienen salarios de pobreza; 71 % carece de prestaciones laborales y 98 % carecen de un contrato estable.
Los diversos aspectos de la situación laboral de las mujeres dan cuenta de que la exclusión económica impuesta por género es una de las principales raíces de la pobreza y la desigualdad.
Para cambiar esta realidad, es crucial impulsar acciones concretas que promuevan su plena inclusión y autonomía económica para derribar las estructuras discriminatorias que perpetúan la exclusión y precariedad.
Uno de los pasos más importantes es la creación de un Sistema de Cuidados que redistribuya las responsabilidades actualmente sobrecargadas sobre las mujeres. Este sistema debe involucrar al Estado, a las empresas y a la familia.
Un desafío fundamental es eliminar los salarios de pobreza a través del incremento al salario mínimo y que las empresas asuman el compromiso voluntario por el salario digno de $12,500 pesos al mes.
Para lograr una transformación real, se requiere de un compromiso social firme que garantice los derechos de las mujeres, su autonomía económica y una verdadera igualdad sustantiva.
Este tipo de cambios beneficiarán a la sociedad en su conjunto, pero, sobre todo, liberará a las mujeres de la exclusión, la vulnerabilidad y de las violencias por género que les impide una vida digna y sin pobreza.