Redacción Animal Político · 25 de diciembre de 2024
México atraviesa por una crisis en el ejercicio de la praxis de enfermería que no sólo tiene repercusiones en el sector público y privado; sus consecuencias afectan la esfera jurídica de miles de enfermeras y enfermeros en nuestro país. Esta situación pasa desapercibida por la sociedad y sólo la perciben quienes la padecen directamente, sin tomar en cuenta que es una problemática que nos afecta de manera silenciosa.
Para entender mejor la problemática es necesario preguntarnos: ¿qué sucede cuando un procedimiento sale mal en un hospital público en México? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad del personal de enfermería? ¿Es correcto culpar a quienes trabajan bajo condiciones de saturación y con recursos limitados? En este artículo exploramos los dilemas que enfrentan enfermeras y enfermeros en la toma de decisiones cotidianas, así como las implicaciones legales de su trabajo.
Los egresados de las licenciaturas en enfermería atraviesan un proceso de aprendizaje que se basa en modelos ideales de atención, donde los recursos son los necesarios y las decisiones se toman sin presiones externas. Sin embargo, al incorporarse al sistema de salud descubren que la realidad dista mucho de esos estándares: hay saturación, los recursos son insuficientes y las jornadas son extenuantes; todo esto pone a prueba no sólo sus conocimientos y habilidades técnicas, sino también su resiliencia ética y emocional.
En la praxis de enfermería los dilemas éticos surgen cuando el personal debe elegir entre cumplir con los estándares profesionales o adaptarse a condiciones adversas. Las decisiones diarias van más allá de la técnica de un procedimiento de cuidado, lo que implica discernir entre lo que es ideal y lo que es posible, entre lo urgente y lo importante. Si bien la formación universitaria insiste en la importancia de seguir al pie de la letra cada protocolo, cada guía de práctica clínica o de procedimiento, la realidad en ocasiones impone límites.
¿Qué hacer si el personal es insuficiente para atender a todos los pacientes de manera adecuada? ¿Es justo dar de alta a un paciente prematuramente para liberar camas, aunque esto conlleve un riesgo? ¿Debe el profesional asumir toda la responsabilidad por los errores cuando éstos derivan del agotamiento y/o de la falta de recursos? Estos dilemas revelan una paradoja: se espera que los enfermeros actúen con excelencia bajo condiciones deficientes. Al final, la prioridad es brindar el mejor cuidado posible, pero no siempre se cuenta con los insumos ni el tiempo necesario para lograrlo. La ética del cuidado que pone a la persona en el centro de todo se ve comprometida por la realidad del sistema.
La fatiga laboral es uno de los mayores riesgos éticos en la enfermería. Jornadas largas, falta de personal y carga emocional constante pueden llevar al desgaste profesional (burnout). Esta situación no sólo afecta la salud del personal, sino también la calidad de la atención y aumenta la probabilidad o el riesgo de cometer errores.
¿Quién asume la responsabilidad si el error se comete tras doblar un turno extenuante por 16 horas? ¿Es ético exigir la misma calidad de atención en contextos con recursos limitados que en hospitales privados? Este tipo de dilemas evidencian cómo la falta de apoyo institucional pone al profesional de salud en una posición vulnerable en la que cada decisión es un riesgo moral y legal. Para entender esto de mejor manera, es importante saber que, en el caso del personal de enfermería, el dilema ético y legal radica en los factores siguientes:
Aunque estas faltas pueden ocurrir por fatiga, exceso de trabajo o falta de insumos, el sistema no siempre considera estas circunstancias como atenuantes, lo que deja al personal de salud expuesto a ser sancionado penalmente.
El Artículo 228 del Código Penal Federal señala que los profesionales de la salud que, por acción u omisión, causen un daño previsible pero no intencional pueden ser sancionados si incumplen los deberes de cuidado exigidos. Este marco legal contempla que los profesionales actúen con la máxima diligencia posible según sus competencias, pero ¿qué ocurre cuando no es posible seguir los protocolos debido a condiciones estructurales deficientes?
Un ejemplo de lo anterior es lo ocurrido el pasado 22 de octubre, durante la presentación del Lineamiento Técnico para la Prevención, Diagnóstico, Tratamiento, Control y Vigilancia Epidemiológica del Cáncer de Mama, cuando el subsecretario de Prevención y Promoción de la Secretaría de Salud, doctor Ramiro López Elizalde, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, ofreció una disculpa pública a las mujeres que lo padecen. Lo anterior es el reflejo de todas las dificultades y carencias del sistema de salud en México, ya que durante dicha presentación el funcionario reconoció que el sistema de salud pública no ha estado a la altura de las necesidades de estas pacientes, considerando los diagnósticos tardíos y tratamientos insuficientes que traen consecuencias significativas en la vida de las pacientes, así como de sus familiares.
Esta disculpa es un recordatorio contundente de que, en momentos críticos, no sólo los médicos, sino también el personal de enfermería se enfrenta a un sistema que limita su capacidad de ofrecer atención de calidad. “Sabemos que algunas han tenido que enfrentarse, no sólo a la enfermedad, sino también a largas esperas, diagnósticos tardíos, tratamientos insuficientes y, en ocasiones, a la indiferencia y a la falta de empatía”, aseguró el subsecretario en dicha actividad. La disculpa ofrecida no resulta suficiente para frenar las consecuencias de una mala atención y no resuelve el sufrimiento pasado ni tampoco es un paso hacia una mejora en el sistema, sólo queda explícito que aún queda mucho por hacer.
La Secretaría de Salud reporta que en México laboran alrededor de 338 353 profesionales de enfermería, tan sólo en el primer nivel de atención. Sin embargo, esta cifra es insuficiente para cubrir las necesidades del sistema de salud, que para 2023 cubría a una población de 123 millones de personas en México. Actualmente México cuenta con 2.8 enfermeras y enfermeros por cada mil habitantes, mientras que el promedio de la OCDE es de 9.2.
Lo anterior, visualiza cómo la falta de recursos y la saturación en los hospitales repercuten directamente en la calidad de los cuidados que las enfermeras pueden ofrecer, colocando su actuar en situaciones éticamente complejas, en las que deben decidir entre lo que es posible y lo que es realmente necesario. La Organización Mundial de la Salud menciona que el déficit de enfermeras y la falta de recursos pueden afectar negativamente la salud de las personas; además, está vinculada con el síndrome de burnout, la mortalidad intrahospitalaria, las infecciones, los errores en los cuidados brindados, los riesgos laborares y el ausentismo laborar, entre otros.
La praxis de enfermería en México no se entiende sin el reconocimiento del contexto donde se desarrolla: un sistema de salud saturado, con recursos insuficientes y exigencias que muchas veces superan las posibilidades reales del personal. Estas condiciones generan dilemas éticos profundos, en los que las enfermeras y los enfermeros deben decidir entre cumplir con los estándares ideales aprendidos en su formación o adaptarse a una realidad que los limita.
Las implicaciones legales y administrativas derivadas de esta situación subrayan la necesidad de replantear la distribución de responsabilidades, garantizando que los errores inevitables no recaigan únicamente en los profesionales. Desde una perspectiva ética, es indispensable que el sistema de salud priorice no sólo la atención al paciente, sino también el bienestar y las condiciones laborales del personal de enfermería. Sólo a través de reformas estructurales y un compromiso real con la mejora de la salud pública será posible equilibrar estas responsabilidades y ofrecer un cuidado digno tanto para los pacientes como para quienes los atienden.
* Adela Alba Leonel es doctora en Ciencias de la Salud y profesora de asignatura “A” de la Facultad de Medicina, profesora de carrera titular “A” de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, y docente de pregrado y posgrado en ambas facultades. Ha realizado publicaciones nacionales e internacionales en revistas científicas y capítulos de libros. Su investigación se ha desarrollado en hipertensión arterial, Diabetes Mellitus, fármaco-epidemiología, automedicación, acupuntura, prescripción, COVID-19, enlace de turno, cuidado de la salud mental e inteligencia artificial en salud. Brandon Gerardo Montes Rodríguez es licenciado en Enfermería y Obstetricia, egresado de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM. Actualmente se desempeña como enfermero general clínico en el Instituto Mexicano del Seguro Social y colabora como profesor titular en la Escuela de Enfermería del Centro Médico Nacional Siglo XXI. Su experiencia combina la práctica clínica con la formación académica de nuevos profesionales en el ámbito de la salud. Vanessa Olvera Garibaldi es licenciada en Derecho por la Facultad de Estudios Superiores Aragón y egresada del Programa Único de Especializaciones en Derecho, con área de concentración en Derecho Penal, ambas de la UNAM. Actualmente, colabora como personal ministerial en la Fiscalía General de la República, en la integración y determinación de carpetas de investigación.
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