Hongosto: las lecciones del micelio para la vida psicoactiva

Redacción Animal Político · 22 de agosto de 2025

Hongosto: las lecciones del micelio para la vida psicoactiva

Agosto es un mes popular porque, al llegar las lluvias, la vida silvestre vuelve a los bosques y comenzamos a encontrar una cantidad importante de hongos en los bosques y montañas de lugares como Oaxaca, Puebla, Estado de México, Tlaxcala, entre otros. México es el segundo país en el mundo con mayor variedad en hongos comestibles, y entre su amplísima variedad se encuentran los hongos psilocibios, conocidos por ser psicoactivos.

Estos hongos pueden ser usados de manera tradicional, medicinal y recreativa, y se han comprobado sus propiedades para tratar con la depresión y ansiedad -no sin un protocolo y un acompañamiento terapéutico. Si bien, todo uso de sustancias psicoactivas conlleva riesgos, y en el uso de psicodélicos hay que tener en cuenta el historial de salud mental y la predisposición a condiciones como psicosis y esquizofrenia, prevalecen muchos de los efectos positivos en las experiencias con psilocibina.

A pesar de la creciente cantidad de investigaciones respecto a los hongos psilocibios, las políticas prohibicionistas permanecen. En México, la psilocibina sigue siendo una sustancia controlada, y aunque se han intentado respetar sus usos tradicionales y ceremoniales, aún existen múltiples ambigüedades en cuanto a su uso. Mientras, países como Brasil, Jamaica, Nepal, Perú y Países Bajos tienen políticas más abiertas que reconocen los distintos usos de estos hongos y, dependiendo de la región, han legalizado la posesión, venta y cultivo de estos.

Lo que nos queda es continuar abogando por la reforma de las políticas prohibicionistas actuales, tomar en cuenta los usos tradicionales y terapéuticos de los hongos, pero también reconocer su uso adulto y no castigarlo; finalmente la búsqueda del placer es parte de nuestras vidas y las experiencias psicodélicas pueden ser transformadoras para muchas personas.

Micoturismo y turismo psicodélico

En el marco de Hongosto se promueven actividades centradas en conocer hongos comestibles (no psicoactivos), aprender a identificarlos, o simplemente admirarlos. Estas actividades han sido denominadas como micoturismo, pues se trata de visitas a la sierra con el objetivo específico de conocer estas especies y entrar en contacto con la naturaleza.

El micoturismo se ha impulsado ampliamente porque fomenta la economía de las comunidades aledañas a estos bosques y montañas, educa a la población respecto a estas especies y genera conciencia sobre el cambio climático y la importancia del cuidado del medio ambiente y la defensa de los bosques.

Dentro del turismo de hongos existe el turismo psicodélico, o turismo espiritual, que se centra en la búsqueda de hongos psilocibios (y otras plantas psicoactivas) en diferentes partes de la república. Si bien también puede ser una experiencia iluminadora en la que se genera conciencia sobre el entorno que habitamos, puede resultar problemática cuando se vuelve extractivista o cuando propicia la sobreexplotación de especies, como ha sucedido con el peyote, por ejemplo.

Es importante identificar y reconocer el impacto que un turismo psicodélico desmedido puede tener para las comunidades que acompañan, y para la naturaleza misma. Muchas de las prácticas tradicionales suelen ser extraídas y replicadas en países del norte global sin conocimientos más profundos, cayendo en la explotación de los conocimientos ancestrales, y con el único fin de generar ganancias con saberes ajenos.

Que el ser psiconautas no nos quite la autocrítica y la conciencia social, del territorio, y de las comunidades con las que convivimos.

Aprender del micelio

El micelio son pequeños filamentos de los hongos que fungen como raíces y se conectan entre sí por cientos de kilómetros. Es un medio de comunicación y conexión entre ellos, mediante el cual pueden apoyarse mutuamente para obtener nutrientes o eliminar toxinas, e incluso se habla de que se puede transmitir información sobre peligros aledaños.

Este ejemplo sobre una red que conecta a los hongos, los nutre y coopera para su supervivencia puede funcionar como una analogía para nuestras formas de vida actuales. En este sentido, se trata de construir comunidad, nutrirnos mutuamente, y cuidarnos ante posibles amenazas -algo que, enfocado en los círculos donde hacemos uso de sustancias psicoactivas, puede traducirse como cuidado colectivo.

Si bien existen amplias conversaciones acerca de las sustancias psicoactivas, sus distintos tipos de uso o su estatus legal, poco se habla sobre el cuidado colectivo. En este sentido, el micelio de los hongos, esta red kilométrica de cuidado entre seres vivos individuales (aunque inevitablemente unidos), tiene mucho que enseñarnos sobre cómo sostenernos entre comunidades y nutrirnos en colectivo.

Buscar usos de sustancias psicoactivas más placenteros, menos riesgosos, y cuidar a nuestros seres queridos que también consumen es parte del micelio de nuestros círculos. Adoptar el autocuidado y compartirlo para construir cuidado colectivo nos convierte en grupos con relaciones más sanas con las sustancias psicoactivas.

En conclusión, es tiempo de permitir que los hongos sean nuestros maestros: desde activarnos para lograr políticas de drogas no prohibicionistas, reconocer y proteger los saberes tradicionales y no pasar por encima de ellos, cuidar la biodiversidad de nuestro país y de todo el mundo, y cuidar nuestras redes y comunidades. Encontrar caminos que nos nutran, sin explotar los recursos de la naturaleza y tejiendo redes de cuidado, también es parte del activismo psicodélico.

* Pol Rodríguez es diseñadora multidisciplinaria por el INBA y maestra en Prácticas de Desarrollo de Regis University. Le apasiona compartir información sobre políticas de drogas y modelos de reducción de riesgos y daños por uso de sustancias, así como dignificar a las personas usuarias en sus distintas interseccionalidades. Actualmente es encargada de Comunicación y Redes Sociales en Instituto RIA.