Más allá de La vegetariana, grandes obras de Han Kang

Redacción Animal Político · 15 de febrero de 2025

Más allá de La vegetariana, grandes obras de Han Kang

No pude darte funeral después de que te fueras de este mundo y desde entonces mi vida es un funeral”.

 

Cuatro años después de la publicación de su novela Actos Humanos, Han Kang empezó a escribir Imposible decir adiós, publicada en español a fines del año 2024. En ambas novelas la autora aborda eventos -represión, masacres, detención, tortura y desaparición de personas- ocurridos en dos momentos del prolongado régimen dictatorial de Corea del Sur, que fueron negados durante décadas por el Estado y prohibidos en el debato público, y que tuvieron fuerte impacto -por lo menos- en dos generaciones de la población.

En el primer libro, publicado en el año 2014, la autora novela sobre los hallazgos de la investigación que realizó sobre el levantamiento popular de mayo de 1980 en Gwangju, su ciudad natal. En esa protesta participaron diversos actores, en su mayoría estudiantes (contemporáneos de la autora), quienes fueron violentamente reprimidos por el ejército al mando del dictador Chun Doo-hwan. Se calcula que fueron asesinadas alrededor de dos mil personas y que otras tantas fueron detenidas, torturadas y desaparecidas.

El tema de la segunda novela son las masacres cometidas por el ejército durante la dictadura de Syngman Rhee, con la complicidad del gobierno de Estados Unidos, a la población de la isla Jeju, al sur del país. Las matanzas de abril del año 1948 y de mayo de 1949 ocurrieron entre episodios tan relevantes como la división del país y el inicio de la guerra, y en ellas murieron más de 30 mil personas de todas edades, incluso bebés con disparos en la cabeza. La novela refiere casos de asesinatos o desapariciones de personas que representarían la generación de los padres y tíos de la autora, y de los estudiantes masacrados en Gwangju en 1980.

En estas dos obras de la escritora, galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2024, concurren al menos cinco temas:

La crueldad como condición humana

Imposible no notar la influencia de José Saramago en la escritura de Kang. Constantemente las obras de ambos autores refieren a la crueldad y la violencia como un lenguaje de la humanidad. Una visión que se puede resumir con las palabras del escritor en una entrevista del año 2000: “En la búsqueda de lo que somos, no hay que olvidar que somos capaces de lo mejor y de lo peor. Llevamos la bestia dentro, y lo que hay que hacer a lo largo de la vida no es ignorarla, sino vigilarla”.

En la obra de Kang abundan pasajes que demandan al lector hacer una pausa y respirar antes de continuar con la lectura: “Ya no me sorprende nada de lo que un ser humano podría hacerle a otro ser humano”. Igual que en su novela La vegetariana, en estas obras la autora pone ante nuestros ojos la condición cruel del ser humano, pero ahora en referencia a la barbarie estatal. Si hacemos caso a la raíz etimológica de la palabra patria, la frase de Actos humanos -“¿Qué representa la patria cuando el himno nacional desparrama sus notas sobre cientos de cadáveres?”- nos remite a pensar la violencia estatal como la ejercida por el padre o por los antepasados, que provoca un dolor irreparable, en este caso, en el pueblo.

En Imposible decir adiós, la historia se va narrando mediante las conversaciones de Gyeongha (la propia Kang) y su amiga Inseon. Gyeongha le ha contado a Inseon que desde que empezó su investigación para escribir Actos humanos ha tenido un sueño recurrente que le inquieta sobre manera. Inseon, que es una artista visual, adopta la visión del sueño como un proyecto artístico y empieza a trabajar para hacerlo realidad. Este sueño-proyecto engarza con el centro de la trama que se va hilvanando con las charlas entre las amigas, más específicamente, con las narraciones de Inseon sobre los recuerdos de su infancia en Jeju, sobre lo que ha podido indagar y lo que no ha logrado saber del pasado de su padre y de la familia de su madre, quienes fueron víctimas de las masacres en la isla.

Un homenaje a la protesta popular

No es que ciertos individuos sean especialmente nobles, sino que la nobleza que anida de manera básica en todo ser humano hace su aparición gracias a la fuerza de la masa popular”.

En ambas novelas la autora hace un homenaje a la movilización de la sociedad contra la dictadura y las injusticias que comete el Estado. Con mayor propulsión, honra la protesta social en su primer libro, ya que el levantamiento de Gwangju fue uno de los que precedieron el establecimiento de la democracia de ese país, siete años más tarde.

Imposible utilizar otras palabras para reseñar el tributo que hace Kang de la protesta popular, que su propia lírica: “Recuerdo todavía vívidamente esa sensación de no tenerle miedo a nada, de estar dispuesto a dar la vida en cualquier momento, de que la sangre de todos los que estábamos allí fluía en una única y gigantesca arteria. Pude escuchar el pulso de esa sangre que corría palpitante, de ese corazón que era el más grande y sublime del mundo”.

La búsqueda interminable en la oscuridad y el legado de dolor

En estas novelas no se cuentan los eventos históricos, se van enlazando historias que evocan la angustia y el dolor individual, pero también el dolor colectivo, el de la nación, ya sea por la gravedad de los casos, pero también por el ocultamiento de la verdad y la imposición de silencio a las víctimas sobrevivientes y a los testigos o familiares, quienes se mantienen “en el interior de una tenaz desconfianza y una fría indagación”.

Será por eso que la mayor parte de las escenas transcurre en un ambiente de oscuridad, tinieblas, frío y ventiscas, a las que, en ocasiones se suma algún ruido ensordecedor: “…es tanta la oscuridad que ninguna criatura emite luz”, si acaso una llama silenciosa que se agita. Mientras en Actos humanos se vislumbra alguna esperanza -“Allí donde hay sol hay muchas flores. ¿Por qué quieres ir por donde hay oscuridad? Vayamos ahí por donde hay flores”- en Imposible decir adiós, las protagonistas caminan y conversan casi siempre en las tinieblas.

Las indagaciones de Inseon sobre el pasado que ocultó por tantos años su madre le permiten, apenas en el presente, entender el sufrimiento en el que transcurrió la vida de esa generación a consecuencia de la violencia estatal: “Sentí un amor como un dolor sordo que me traspasaba la piel, se hundía hasta la médula de los huesos y me encogía el corazón”. Sólo después de conocer algo de la historia de cada uno de sus padres, de saber que su madre había pasado la vida buscando a su hermano mayor en secreto, sin encontrar siquiera un hueso que le diera indicios de su paradero, Inseon pudo entender el miedo y la angustia que vivieron y sentir el dolor del amor de su afligida madre: “¿Cómo podría yo salvarte?”, “los recuerdos brotaban imparables como borbotones de sangre”.

Inseon pregunta a Gyeongha (la narradora y autora de la novela) si el título Imposible decir adiós refiere a que no puedes decir adiós o a que no quieres decir adiós. La pregunta no obtiene respuesta, o si acaso la frase: “Imposible conocer los hechos, imposible para muchos, ha sido continuar con vida”.

El diálogo con las almas

En ambas novelas conviven fantasmas y seres vivos; incluso en algunas escenas esa convivencia parece un juego para confundir al lector. La presencia protagónica de espíritus perturbados por eventos traumáticos podría entenderse como un intento de conectar el dolor físico con el sufrimiento espiritual. Las almas están presentes de manera distinta en cada caso: en Actos humanos, son almas que pertenecen a las personas cuyos cuerpos han sido recientemente masacrados; entre esos cuerpos y fantasmas los protagonistas vivos buscan a sus seres queridos. En algunos pasajes, las almas en tránsito intentan un diálogo entre sí, que resulta imposible: “Cosa rara, estaba solo. Es decir, no pude encontrar a las otras almas. Aunque había almas en todas partes, no podíamos vernos ni sentirnos. Al final, era una mentira eso de que nos encontraríamos todos en el otro mundo”.

Tampoco logran dialogar quienes quedaron con vida con las almas de las personas asesinadas. “Hubiera querido recordar la manera de hablarle a un alma”, pero ni ella lo había aprendido ni el alma sabía hablarle. En cambio, en Imposible decir adiós, la trama de la historia cobra sentido en la conversación que tiene Gyeongha con el espíritu de Inseon; incluso, en esas escenas surrealistas, la narradora juega con el ave mascota que acababa de enterrar.

La memoria colectiva o el consenso por la verdad y la justicia

En Imposible decir adiós, Inseon habla sobre sus indagaciones en artículos de prensa y en los registros del ejército estadounidense, que fueron desclasificados después de cincuenta años (en el año 2014). Solo entonces se pudo saber que, en el verano de 1960, una década después de los acontecimientos, se les permitió a los familiares ingresar a una mina en la que se encontraron cuerpos de algunas víctimas. Con sus indagaciones, Inseon pudo darse cuenta que su madre había llevado en su corazón y en silencio la pérdida de su hermano por tantos años. Con el inicio, tardío y lento de estas actividades fue posible exhumar alrededor de cuatrocientos cuerpos; pero en el año 2009 los trabajos se cancelaron, a pesar de que se pensaba que habría más de tres mil restos en las galerías. En esa búsqueda de la verdad, Inseon logró también recuperar la lista de personas de Jeju que fueron encarceladas sin juicio entre 1948 y 1949.

Sobre la masacre de Gwangju, ocultada por más de cuatro décadas por el gobierno o atribuida falsamente a los grupos comunistas, la investigación inició apenas en la década de los años noventa, con la apertura de fosas comunes y el análisis de cadáveres. Solo entonces el gobierno reconoció la verdad y ofreció disculpas a los sobrevivientes y a sus familias. En 1995 iniciaron investigaciones formales y, en 1996-1997, el expresidente Chun Doo-hwan y su sucesor Roh Tae-woo fueron juzgados y condenados por su papel en la represión de Gwangju y otros crímenes, aunque fueron indultados en 1997. Todavía en 2019 se encontraron restos humanos de unas cuarenta personas en la antigua cárcel en Gwangju.

Existen opiniones distintas sobre el potencial de la recuperación de la memoria colectiva. En este sentido, el escritor José Saramago parece más bien optimista: “Esta pérdida hace mucho tiempo que dejó de causarme sufrimiento porque, por el poder reconstructor de la memoria, puedo levantar en cualquier momento sus paredes blancas, plantar el olivo que daba sombra a la entrada, abrir y cerrar el postigo de la puerta“. Sin duda, resultan indispensables los esfuerzos por recuperar la memoria, por reconstruir una versión sobre esos eventos dolorosos y por lograr un consenso colectivo, al menos moralmente. No en todos los casos, el unísono grito “Nunca más” ha conducido a lograr la justicia y la paz. En el caso de Corea del sur, al menos ha sido uno de los pilares para la permanencia de la democracia y de la paz.

* María Isabel Verduzco (@marisaverduzco) es socióloga, consultora independiente y profesora de la Universidad ORT.