Redacción Animal Político · 13 de julio de 2025
México sigue siendo un país en donde la pobreza se produce desde el sistema laboral. En lugar de que el trabajo sea la puerta de salida de la pobreza, en realidad los empleos sin salarios suficientes, sin seguridad social, sin contrato estable y sin afiliación sindical, los convierten en fábricas de pobreza.
Las condiciones de precariedad de la inmensa mayoría de las personas que trabajan están documentadas en los nueve indicadores del Observatorio del Trabajo Digno (OTD), con una nueva visualización interactiva y más amigable elaborado por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza con la colaboración de Data Cívica, disponible a todo el público aquí.
El OTD presenta datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI desde 2019 y hasta el más reciente, el primer trimestre de 2025. La nueva visualización permite consultar cada indicador en su cambio en el tiempo, desglosar los indicadores nacionales por tipo de ocupación, sexo y grupo de edad. Y también consultar los nueve indicadores para las 32 entidades federativas y para 35 ciudades.
El panorama que muestra el OTD es desolador. El sistema laboral produce dos situaciones que están en la raíz de la pobreza: exclusión y precariedad. Es un escándalo que en nuestro país millones de trabajos sean fábricas de pobreza.
En México al menos 40 millones de personas carecen de trabajo digno, ganando salarios de pobreza y/o sin acceso a servicios de salud y demás protecciones del seguro social, y 21.5 millones más están excluidas de su derecho al trabajo.
Esta situación es, incluso, más grave ahora que antes de la pandemia por Covid-19, como puede observarse en la línea del tiempo de cada indicador del OTD.
De acuerdo con los datos de la ENOE, en el primer trimestre de este año, las personas que trabajan y ganan salarios de pobreza, que no son suficientes para adquirir dos canastas básicas, suman 32.9 millones, que representa 67 % de la población ocupada (que reporta ingreso laboral).
En el mismo periodo del 2020, justo antes del inicio de la pandemia, en esta situación estaban 30.4 millones de personas, que en ese entonces eran 62 % de la población ocupada.

Carecer de salario suficiente no es la única carencia que padecen las personas que trabajan. Sin seguridad social son 35.1 millones, 60 % de la población ocupada, cuando antes de la pandemia eran 34.2 millones, que en ese entonces eran 62 % de la población ocupada.

Quienes trabajan en empleos sin contrato estable son 18.6 millones, contra 18.9 millones en esa situación hace cinco años, una disminución mínima. Y sin afiliación sindical ahora son 33.1 millones, contra 30.9 millones del 2020, un indicador prácticamente estancado en 86 % y 87 % de la población empleada, respectivamente.

La exclusión afecta a 21.5 millones de personas. Un indicador relevante -nuevo en el OTD- y se refiere a la exclusión por labores de cuidado en el hogar sin remuneración, que en el primer trimestre de este año afecta a 14.8 millones de personas, de las cuales 14 millones son mujeres.

El dato en donde hay una leve disminución es el de desempleo completo; es decir el que incluye tanto a las personas desocupadas como a las disponibles, que en el 2020 eran 7.7 millones de personas, frente a las 6.7 millones actuales.

El OTD se compone de 9 indicadores que en conjunto miden el (in)cumplimiento del derecho humano al trabajo, para los cuales hay información estadística periódica proveniente de la ENOE de INEGI.
Entre ellos se presentan datos sobre “subocupación”, que es una variante de desempleo, y “jornada excesiva”, que contabiliza a quienes trabajan más de 48 horas a la semana.
En Acción Ciudadana consideramos que, ante la eliminación de Coneval, se vuelve más relevante entender la raíz laboral de la pobreza que es característica de nuestro país.
Ponemos a disposición de académicos, especialistas, periodistas, organizaciones civiles y público en general, esta herramienta de información que aporta datos de utilidad para documentar la situación laboral de millones de personas.