Redacción Animal Político · 9 de enero de 2026
Hace unas semanas, en este espacio escribimos sobre el libro “Escuelas democráticas, una perspectiva desde México” y explicamos el proceso de elaboración por parte de Mexicanos Primero, Linda Nathan de la Universidad de Harvard y docentes mexicanos que escribieron las 27 narraciones que lo componen.
El libro se enmarca en 4 pilares de la educación democrática y esta semana dedicamos este texto al Pilar 2. De acuerdo con este pilar, la educación democrática mantiene altas expectativas de estudiantes y docentes para lograr los aprendizajes respetando la diversidad de identidades, orígenes, valores culturales y creencias de cada persona. La educación democrática es una educación equitativa y de alta calidad, accesible e inclusiva para todas las personas. Los entornos de aprendizaje democráticos son rigurosos, afirman la identidad y son culturalmente inclusivos. Estos entornos exigen altos estándares a todas las personas, respetando su diversidad de identidades, valores culturales y creencias.
Cabe recordar que cada narración puede insertarse en más de un pilar, pero fueron las y los autores quienes decidieron cuál de los 4 mostraba mayor fortaleza en el texto.
Así, en el pilar 2 se encuentran 8 textos que nos recuerdan que el aprendizaje debe ser el centro del proceso escolar, pero no cualquier aprendizaje, sino aquel que valora la diversidad de cada persona, que permite a cada estudiante desarrollar plenamente sus habilidades y conocimientos sin importar su origen o condición, que respeta los ritmos y procesos de cada uno y cada una dentro de su contexto y su cultura. Estas historias ponen foco en que inclusión no es recibir a una persona con discapacidad en un aula, sino que la escuela sea un espacio de aprendizaje y participación para todas y todos.
Enrique en Yucatán nos recuerda que el aprendizaje de la lengua maya no está separado del entendimiento de la cultura y que se requiere no solo repetir palabras en el aula, sino generar procesos con docentes y estudiantes para conectar con el contexto. Ana Lilia, Irwing y Ruth en Tamaulipas dan voces a las niñas y niños más pequeños, no para ganar un concurso, sino para abrir un espacio donde ellas y ellos puedan resignificar los cuentos infantiles y conectar con sus emociones. Gloribella también en Tamaulipas muestra que la inclusión inicia en el preescolar y que no se trata de adaptar algunos contenidos, se trata más bien de generar estrategias con todo el equipo docente para acompañar el aprendizaje.
Uriel -quien escribió con Perla y Karen, dos de sus estudiantes en Veracruz- narra cómo la equidad de género no es un proceso teórico, sino que se vive cuando la diversidad de cada persona es respetada y cuando las estudiantes pueden levantar su voz para lograr aquello que es importante para ellas y para su proceso educativo.
Vanessa de Nuevo León ejemplifica, a través del caso de un estudiante con discapacidad visual, que la diversidad enriquece a toda la comunidad educativa, que lejos de ser un obstáculo puede ser un motor para que todas y todos aprendan.
Por su parte, Lourdes y Jorge, docentes de educación física en Tamaulipas, generaron estrategias multidisciplinarias donde el deporte acompaña los procesos de aprendizaje y no se queda solo como una materia. El deporte impacta en el comportamiento de sus estudiantes y en el aprovechamiento integral.
Maribel, Alma, Bertha, Fátima, Martha y Zaira, en Jalisco, generaron estrategias conjuntas en toda la zona escolar para que las y los estudiantes con discapacidad pudieran desarrollar todas sus habilidades; su visión es que nadie puede quedarse afuera y que el trabajo en equipo y los procesos bien establecidos con las y los docentes son la base de la inclusión. Finalmente Artemio y Sandra, de Veracruz, escriben sobre la importancia de escuchar todas las voces y que la lectura y la escritura no sólo son para quienes ganan concursos de oratoria, sino que son una herramienta fundamental para trabajar las emociones, incluso de aquellos que han sido excluidos o acosados.
En preescolar, primaria y secundaria, estas historias muestran que la escuela democrática no se construye en un papel o una ley. Se construye en acciones concretas y cotidianas cuando docentes, directivos, estudiantes y familias pueden expresarse, cuando se generan prácticas encaminadas a garantizar el aprendizaje no desde la repetición de contenidos homogéneos, sino desde procesos participativos donde cada persona pueda aportar sus ideas y visiones, y donde la condición propia de cada estudiante sea una posibilidad para aportar a la comunidad, romper prejuicios y trabajar en conjunto.
* Laura Ramírez (@Laurami0316) es directora de Fortalecimiento de Comunidades Educativas de Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).