Beneficiémonos del efecto placebo

Redacción Animal Político · 23 de octubre de 2024

Beneficiémonos del efecto placebo

Si bien, históricamente, se ha asociado el efecto placebo con un engaño o un ardid para complacer a un paciente necesitado de atención en salud, el antropólogo Roger Bartra lo considera un acto simbólico capaz de impactar subrepticia, aunque profundamente, en el cerebro humano, al grado de desencadenar respuestas fisiológicas en el cuerpo. Dado que la mente humana se caracteriza por mantener una interacción constante entre sus representaciones internas y su entorno inmediato para generar la consciencia, no resulta sorprendente que un acto simbólico como consumir dos cápsulas llenas de una sustancia inocua, sea capaz de incrementar el efecto placebo producido por tomar una sola capsula, ya que una mayor cantidad se asocia con un mayor efecto.

Es un hecho que el efecto placebo es un fenómeno real, sin importar el empeño que se ha puesto hasta ahora para dar la apariencia de eliminarlo. Es cierto que los medicamentos que se comercializan tienen una eficacia terapéutica significativamente mayor que el producto placebo con el que se comparan durante los ensayos clínicos necesarios para su aprobación. Pero es ingenuo negar que, al menos, una proporción de los casos en los que se observa una respuesta favorable pueden ser en sí mismos producto del acto simbólico de consumir una cura o que sus efectos han sido potenciados por el efecto placebo.

Es importante recordar que la respuesta analgésica de un fármaco opioide, que ha demostrado su eficacia en ensayos clínicos, disminuye su efectividad si el paciente no atestigua el acto de recibir el fármaco (si se inyecta en el suero a espaldas del paciente). También, es importante notar que la mayor efectividad de los medicamentos de patente, reportada por los consumidores, carece de sustento farmacológico, y bien podría deberse a la influencia de la publicidad, la calidad del empaque o el precio elevado, negando el efecto placebo. Sin embargo, se critica abierta y enérgicamente el efecto nocebo y el aumento de los eventos adversos debido a la influencia del terapeuta al mencionar los efectos reportados durante los ensayos clínicos.

La mente humana es simbólica. Además de los elementos funcionales de su entorno inmediato, como muebles y herramientas, el ser humano tiende a crear símbolos y a realizar artefactos y actos simbólicos capaces de definir pensamientos, emociones y acciones, tanto individuales como colectivas, como son las esculturas públicas o los himnos, que llaman a la unión y al patriotismo. Emplear la predisposición del cerebro humano a responder ante actos simbólicos, para potenciar el efecto terapéutico de un fármaco, resulta deseable por el principio bioético de beneficencia.

Específicamente, con respecto a la medicina psicodélica con psilocibina (la sustancia activa de los hongos alucinógenos) es importante destacar la tendencia de los ensayos clínicos a reducir la dosis o coadministrar fármacos como la risperidona para evitar la experiencia mística, tendencia que alcanza su máxima expresión en el reciente lanzamiento del fármaco PSIL-006, que promete los beneficios de la psilocibina sin la experiencia mística, a pesar de que existe una correlación entre su intensidad y la efectividad terapéutica. Además, la pérdida de la propia individualidad y la integración con el universo en una fuerza/principio/ente superior —dos características de la experiencia psicodélica— podrían ser las responsables del replanteamiento de la propia existencia y la capacidad de clarificar valores, establecer prioridades, procurar relaciones interpersonales más profundas y significativas, y reconciliarse con la naturaleza o la divinidad, lo cual contribuiría a que el paciente se comprometiera con su proceso curativo a nivel individual, social y espiritual.

Resulta paradójico que la medicina tradicional mexicana, que ha resguardado el conocimiento del uso curativo de los hongos por siglos, ahora esté siendo relegada del progreso de la psiquiatría. A diferencia de la medicina académica, en las prácticas de la medicina tradicional abundan los actos y objetos simbólicos creados con la intención de reducir los efectos adversos e incrementar la experiencia mística, asociada a la eficacia terapéutica.

Desde el punto de vista bioético, puede observarse la imposición del pensamiento occidental sobre los saberes que le son ajenos, soslayándolos como supersticiosos y primitivos, sin que exista evidencia empírica al respecto, acompañada del aprovechamiento de sus recursos bioculturales. Existen razones para investigar la influencia de las prácticas tradicionales sobre la eficacia terapéutica de la psilocibina, pero el prejuicio académico lo ha evitado, a pesar de que se puede estar atentando contra el principio bioético de beneficencia al no estudiarse un potencial beneficio a la salud.

Consideramos que resignificar el efecto placebo como un acto simbólico, en vez de considerarlo un embuste, puede ayudar a cambiar el prejuicio académico que se tiene. No se trata de engañar al paciente, sino de comprender la naturaleza del ser humano con el fin de ponerla al servicio del bien común, máxime si se considera que el efecto placebo está presente en la práctica de la medicina académica como ya se discutió, por lo cual queda justificada la investigación de las propiedades terapéuticas de los saberes y prácticas tradicionales, en vez de la sola extracción de los componentes activos presentes en los productos orgánicos preservados por los pueblos originarios.

 

*Seraid Caynas Rojas es egresado del Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM; especialista en psicología de la salud y terapia cognitivo-conductual. Actualmente se encuentra adscrito al Departamento de Biología de la Reproducción en la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa; estudia los determinantes bioquímicos, cognitivos, conductuales y sociales de la salud mental.

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