Redacción Animal Político · 13 de marzo de 2025
La violencia digital no es solo un problema legal o tecnológico, sino de comportamientos que han sido internalizados por la sociedad y disfrazados de normalidad. Estas normas se refuerzan constantemente a través de la cultura, el lenguaje, el entretenimiento y, en la era digital, a través de las interacciones en redes sociales y chats grupales.
Cuando un comportamiento se normaliza, deja de percibirse como problemático y se convierte en algo cotidiano. Esto implica que, aunque cause daño, no se considera urgente ni prioritario abordarlo. En algunos casos, incluso, señalarlo como dañino genera rechazo y resistencia por parte de nuestros círculos sociales.
Desde el enfoque de Cambio Social y de Comportamiento (SBC, por sus siglas en inglés) que trabaja MAGENTA, sabemos que los comportamientos no ocurren en el vacío: responden a normas sociales, validaciones colectivas y estructuras de poder.
La violencia digital de género no es un fenómeno aislado ni un “nuevo tipo de violencia”, sino una extensión de la violencia de género que enfrentamos, trasladada a las pantallas. No porque ocurra en el espacio digital es menos agresiva, hiriente o peligrosa. Estos comportamientos se han convertido en el nuevo “es porque llevaba falda”, donde la responsabilidad de la violencia se traslada a la víctima/sobreviviente, eximiendo a quienes perpetúan esta forma de violencia. Es urgente abordar el problema desde su raíz: la normalización.
En conjunto con Altazor Intelligence, en MAGENTA exploramos las percepciones y actitudes de hombres jóvenes (de 18 a 25 años) en México y Guatemala sobre distintos comportamientos violentos en entornos digitales. Los resultados revelan que existen comportamientos que no solo han sido normalizados, sino que, al ser cuestionados, generan molestia en quienes los practican. En algunos casos, los participantes intentan justificarlos o minimizarlos.
Entre los comportamientos más frecuentes y relevantes identificados en la investigación se encuentran:
Como vemos, además de que estas prácticas estén normalizadas, existe una negación de que sean actos de violencia. Igualmente, si una mujer envía una foto voluntariamente, la percepción de los participantes es que la culpa recae sobre ella en lugar de cuestionar a quien la difunde sin su consentimiento.
Mientras estas prácticas sigan siendo normalizadas por la sociedad, pero en particular por los hombres jóvenes, y su señalamiento genere resistencia o expresen que el problema es una “exageración”, este persistirá. Entender los códigos entre hombres que permiten el refuerzo de estas conductas nos permite diseñar estrategias efectivas para erradicarlas y construir una cultura digital libre de violencia.
Desde MAGENTA, utilizamos el enfoque de SBC para desarrollar e implementar iniciativas para la prevención, involucrando a hombres jóvenes como principal audiencia, ya que, al dejarlos fuera, no abordamos el problema desde un enfoque preventivo que nos permite cambiarlos desde la raíz.
* Triana Gámiz es Oficial de Programas en MAGENTA y egresada de la Universidad Anáhuac Norte en Relaciones Internacionales. Su trabajo se enfoca en América Latina, con un interés particular en proyectos que buscan transformar las condiciones estructurales que perpetúan violaciones a los derechos humanos, especialmente en temas de género. En MAGENTA, Triana supervisa el ciclo completo de los proyectos en América Latina y el Caribe, desde su concepción hasta su evaluación.