Redacción Animal Político · 18 de diciembre de 2024
Aunque el vocablo alimentación podría resumirse en la trituración mecánica de la comida, la cual transita desde el esófago hasta el estómago, representa una de las acciones básicas para conservar la vida, ya que implica la asimilación de los nutrimientos en el organismo.
Comer varía según cada individuo. Esta diversidad tiene que ver con la situación social (economía, entorno y tradiciones). Por ello, es normal que existan distintas y muy variadas formas de alimentarse, tales como el carnismo (término acuñado por la psicóloga social Melanie Joy para describir la creencia de que es aceptable comer ciertos animales como vacas, cerdos y pollos, pero hay negación ante otros, como perros, gatos o caballos), y la dieta basada en plantas (alimentos de origen vegetal), sólo por mencionar algunas.
Aun con estas marcadas diferencias, el Fondo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) proyecta que el consumo de carne crezca en 76 % hasta 2050. El dato es alarmante porque de entre las principales fuentes de emisión de metano sobresale la ganadería. Para elaborar una hamburguesa de ternera se consumen 1,695 litros de agua, aproximadamente, lo que hace que dicha industria represente un peligro latente para el planeta.
En la actualidad los insectos están ganando popularidad como una alternativa alimenticia. Sus beneficios nutricionales son muy altos, ya que proporcionan proteínas y nutrientes de alta calidad, son ricos en fibra y en micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo y manganeso, pero su consumo desmedido podría causar nuevamente problemas económicos, éticos y biológicos.
Según datos de la FAO, la ingesta de insectos (entomofagia), complementa la dieta de 2 000 millones de personas en el mundo, aproximadamente. México es uno de los países donde se consumen desde la época prehispánica y en los pueblos originarios han sido clave. De alrededor de 1,681 especies de insectos aptos para consumo, en el país se pueden encontrar 504 (chapulines, escamoles, gusanos de maguey, jumiles, hormigas, acociles y escarabajos, entre muchos otros), pero aunque son abundantes, su consumo indiscriminado, puede generar grandes problemas para nuestro país.
A diferencia de otros sitios (desde enero de 2018, en algunos países de Europa regularon la producción), en México no existe una legislación precisa para ello. Distintas instituciones y personalidades han hecho énfasis en la situación: el doctor Carlos Valdivia, investigador del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño de Jalisco, señala que existen lagunas dentro de las normativas en la entomofagia, además del reto de legislar entre tanta variedad. La Sociedad Mexicana de Entomología indica que “es necesaria la protección de la biodiversidad insectil, protegiendo las especies en contra de una excesiva depredación, sería deseable la elaboración de un manual de aprendizaje y capacitación acerca de cómo explotarlos y conservarlos”. Además, ha invitado a “vigilar el cuidado de las especies para mantener la biodiversidad existente, tanto desde el punto de vista biológico y ecológico, como el de los beneficios que brindan”.
Existe un declive en la biodiversidad de insectos no sólo por el modelo de producción, sino por el consumo actual, por la agricultura, la expansión urbanística y de infraestructuras, los biocidas y la deforestación que destruye sus hábitats.
Junto con el incremento de la demanda de insectos, aumentaron su precio, lo que en muchos casos ocasiona que recolectores y vendedores se inserten en el mercado a pesar de no estar calificados. La explotación ordinaria de insectos suele no respetar el adecuado manejo y conservación de las especies, lo que ha llevado a que muchas se encuentren en peligro de extinción. Un ejemplo son los gusanos de maguey y los escamoles. Al sumar la ferocidad del mercado que paga ínfimas cantidades y revende hasta en sextuplicado a favor de restauranteros o industriales, el negocio se convirtió en un verdadero conflicto.
En algunas partes de México los insectos se han convertido en platillos gourmet, cautivando no sólo al consumo nacional, sino que también atrae el turismo. La variedad de platillos es tan grande (desde cheesecake de hormiga chicatana hasta escamoles a la mantequilla) que despierta el interés en los visitantes. La chef Beverly Ramos Rostro en “Recetas con Insectos” señala: “son excelentes opciones para tener u ofrecer en nuestros restaurantes para el comensal local e internacional, ya que sabores diferentes atraen al turista gastronómico”. Pero incluirlos como platillos gourmet tampoco beneficia a esas especies, se ponen de moda y favorecen su explotación y mala recolección.
Pese a que no hay una regulación para el consumo seguro de insectos en México, sí hay normas alimentarias como la NOM-251 que guía la producción de polvos y harinas de insectos comestibles.
Mucho se ha discutido sobre esfuerzos para crear y controlar, de mejor manera, granjas de producción de insectos. Tomando en cuenta la demanda, han sido pocas las instituciones que han fusionado los métodos tradicionales con los normativos. Desde 2010 hasta 2020, se tiene registro sólo de 133 compañías (especialmente en Europa, Asia y América del Norte) que comercializan el producto para consumo humano. Realmente el mercado se ha diversificado: los insectos se venden enteros, deshidratados, molidos o en harinas, y son vendidos para humanos y para animales no humanos, porque dichos animales se aprovechan en todas sus etapas de crecimiento (huevos, larvas, pupas y adultos). Asimismo, la cría de insectos emite menos gases de efecto invernadero que las demás fuentes de proteína animal y requiere menos agua que la cría de ganado. Para producir un kilogramo de proteína de res se requieren 112 000 litros de agua, a diferencia del grillo doméstico común que requiere sólo 21 133 litros de agua por kilogramo de proteína producida.
Resulta importante señalar investigaciones como la realizada por el doctor Alejandro Córdoba Aguilar, las cuales refieren que, especialmente en los últimos 40 años, los insectos están desapareciendo, y aunque las causas son diversas y se siguen estudiando, es preciso protegerlos. No sólo porque los hemos ido colocando en situaciones que los llevan a la extinción, sino porque tienen un papel importante en el desarrollo de los ecosistemas, ya que en muchas ocasiones ayudan al control de plagas, a la descomposición de materia, al traslado de energía en la cadena alimenticia y en la obtención de medicamentos.
Con el objetivo de continuar con la conservación de los ecosistemas y el mejoramiento de la vida de los insectos, la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México creó hoteles para insectos, que sirven como refugio para éstos y los conservan, pues también sirven como nidos. Pero incluso con estos incipientes esfuerzos, no se observan programas de conservación tan ambiciosos como los que existen para otros grupos taxonómicos, como mamíferos o aves.
Otro aspecto por considerar sería la sintiencia de los insectos; algunos estudios señalan que los insectos muestran evidencia de importantes rasgos de sintiencia, que incluyen estrés, pesimismo y emoción. Otros estudios indican que son capaces de unir memoria, percepción y otras partes clave de la consciencia, utilizándolas para tomar decisiones: “En el estudio aclaran que cuando dicen consciencia aplicada a los insectos se refieren a que podrían sentir y percibir el mundo desde su propia perspectiva, no a que tengan una consciencia tan rica y detallada como la que experimentan los humanos […]”.
Además de que se requiere una legislación para el comercio, es fundamental capacitar a quienes los explotan y recolectan para fomentar su conservación, y su uso controlado. Cuando se cumplan estos objetivos los insectos podrán disfrutar de grandes beneficios.
Ante la creciente demanda de alimentos a nivel mundial (para 2030 la comida tendrá que alcanzar para más de 9 000 millones de personas) se debe avanzar con precaución para no cometer los mismos errores que en el pasado. La explotación de recursos no se debe convertir en prácticas de depredación, ya que los recursos son finitos. Es momento de centrar nuestro consumo en las proteínas de origen vegetal que, aunque suelen percibirse como incompletas (por contener menor cantidad de algunos de los aminoácidos limitantes), no lo son, ya que es posible obtener todos los nutrientes de la combinación de fuentes vegetales.
Es imprescindible la protección de la biodiversidad insectil; resguardar el medio ambiente, a los insectos y, sobre todo, establecer leyes y manuales sobre la correcta conservación. Sin insectos tendríamos consecuencias negativas en la conservación de otras especies, en la biodiversidad y en el bienestar del planeta.
* Blanca Rocío Muciño Ramírez es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, y maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario. Ha actualizado sus conocimientos con cinco diplomados y más de 150 cursos de Bioética, trabajo editorial y comunicación. Actualmente se desempeña como secretaria técnica y responsable de edición y gestión de publicaciones en el Programa Universitario de Bioética (PUB). Jaqueline Nava Trejo es comunicóloga con especialidad en Periodismo de la FCPyS, y pasante del Servicio Social en el PUB.
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