Redacción Animal Político · 18 de agosto de 2025
La violencia en la formación médica no es desconocida por la población mexicana ni por los directores académicos, porque está claramente documentada en la literatura y en noticias nacionales y estatales debido a las tragedias en las que ha llegado a concluir, como los suicidios de compañeras y compañeros. Tampoco representa un fenómeno reciente ni aislado a sólo un año formativo, es una situación que sucede desde el pregrado y hasta el posgrado, lo que repercute en la calidad de educación y la atención que reciben los pacientes.
Tampoco representa una falta de vocación, porque incluso esta vocación es la que lleva a la permanencia en el sistema formativo hasta la culminación de los estudios de grado o posgrado, o hasta el quiebre de la salud mental de los médicos en formación, una de las razones de renuncia o abandono a los programas académicos como se observó este año con la renuncia de 4,000 plazas de residencia en el país.
Uno de los principales problemas radica en el rol del médico en formación como parte esencial de la fuerza laboral en salud de México, pues más de la mitad de los 6-7 años de formación son dentro de ambientes hospitalarios o unidades médicas. Y no es un tema nuevo. Ya en 1959, el Consejo Técnico de la Facultad de Medicina de la UNAM reconocía que los hospitales conseguían otorgar servicios las 24 horas gracias al internado de pregrado y a las residencias médicas, situación que no llega a ser muy diferente a la actualidad.
Estos fueron los inicios que llevaron al famoso movimiento médico nacional de 1964, con el cual se logró esencialmente el reconocimiento del médico residente como trabajador especial dentro de la Ley Federal del Trabajo. Ley que valdría la pena reformar para definir jornadas laborales de máximo 40 horas a la semana durante la realización de los programas de residencia médica.
Actualmente, la formación de médicas y médicos utiliza una adaptación del modelo propuesto por Flexner en 1910, donde se contempla una etapa de ciencias básicas (2 años) y una de ciencias clínicas (2 a 3 años), con la integración de un periodo de Internado.
La formación en una residencia médica involucra de 3 a 5 años más con base en la especialidad de entrada directa elegida, lo que puede incrementar de 1 a 3 años más para la búsqueda de una subespecialidad médica. Situación muy diferente a otros países de habla hispana como España, que ofertan dentro de la gama de especialidades de entrada directa programas que en México solo son ofertados en formato indirecto (ingresando primero a una especialidad troncal como Medicina Interna o Cirugía). Esta situación genera un desgaste en el médico en formación y es parte del problema de déficit de médicos residentes por cada 100,000 habitantes en México.
Otra problemática esencial dentro de la formación son las vulneraciones y deficiencias de los programas académicos a las que son enfrentadas dentro de estas prolongadas jornadas intrahospitalarias. En la última publicación del Colectivo Médic@s en Formación en el Canadian Medical Education Journal reportamos que el 36 % de los médicos internos de pregrado que respondieron nuestra encuesta nacional en 2023 mencionaba no contar con supervisión de sus tareas diarias y un 71 % refería tener castigos por no saber algo que les preguntaban sus superiores durante este año formativo. En lo que respecta al Servicio Social, más del 40 % de los pasantes no sabían cómo proceder ante situaciones de acoso o violencia sufrida en sus unidades médicas, la cual se vivía en mayor medida en las mujeres que en los hombres. Por último, de manera general, 8 de cada 10 médicas y médicos en formación comentaron haberse sentido deprimidos en algún periodo de su formación académica .
Este es el panorama general de la formación médica en México. Hay una deuda histórica con la formación de recursos humanos en salud: médicas y médicos pasan años de su vida atendiendo a la población mexicana, garantizando así su derecho de acceso a la salud, mientras ellas y ellos descuidan la propia por al menos 6 a 7 años.
Es necesario establecer mesas de trabajo para mejorar el sistema de educación médica en México y fomentar el desarrollo de los profesionales sanitarios con educación de calidad y un bienestar integral. Desde el Colectivo hacemos un llamado a la integración de todas las partes involucradas en el proceso formativo para abordar holísticamente la problemática, que afecta a la atención en salud que recibe la población mexicana y al gasto en salud de parte del Estado.
* Hassler S. Macías S. es coordinador del Colectivo Médicos en Formación.