El peso de los años y los sueños que cruzan fronteras

Redacción Animal Político · 28 de agosto de 2025

Gracias profundamente a cada persona adulta mayor que ha confiado en Sin Fronteras para acompañarla en su caminar migrante. Su fortaleza y resiliencia son, para nosotras y nosotros, una lección de viva.

Este 28 de agosto conmemoramos en México el Día de los Abuelos, una fecha que suele estar llena de cariño, recuerdos y agradecimientos. Sin embargo, también debe ser una oportunidad para mirar con atención a quienes rara vez son reconocidos en estas celebraciones: las personas adultas mayores migrantes. Muchas de ellas viven la migración de forma directa, al llegar a México con la esperanza de comenzar una nueva vida. Otras la enfrentan de manera indirecta, al quedarse en sus países de origen esperando el apoyo o el regreso de sus familiares que emigraron. En ambos casos, enfrentan una realidad compleja y muchas veces dolorosa: su integración es más lenta y difícil, pues provienen de contextos muy distintos y experimentan impactos biológicos, psicológicos y sociales que no son comparables con los de otros grupos migrantes.

Vejez migrante

Durante mucho tiempo se ha idealizado la vejez como una etapa de recompensa. Se piensa que al llegar el momento se podrá descansar, disfrutar de la familia, viajar, o vivir con tranquilidad. Sin embargo, no todas las personas que han llegado a esta etapa viven esta realidad.

Para muchas, especialmente aquellas que migran o que han sido atravesadas por la migración, esta etapa está marcada por la incertidumbre, la precariedad y la soledad.

Algunas personas adultas mayores migran hacia México para comenzar de nuevo. Otras se quedan en sus países de origen, esperando noticias o remesas de sus familiares migrantes, con la esperanza de un reencuentro que muchas veces no llega. En ambos casos, sus vidas se ven afectadas por un sistema que las invisibiliza, tanto por su edad como por su condición migratoria.

México, históricamente considerado un país de tránsito, se ha convertido en un destino para miles de personas migrantes de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Entre ellas, cada vez hay más adultos mayores que cruzan fronteras en busca de seguridad, estabilidad o reunificación familiar.

Este cambio en los flujos migratorios ha dejado en evidencia un gran vacío en nuestras políticas públicas: la falta de atención específica a las personas adultas mayores migrantes.

Las formas de migrar son diferentes, los ritmos de migración, el proceso de regularización y la integración no es de la misma forma ni con los mismos recursos que una persona joven, ya que los impactos físicos, emocionales y sociales hacen una gran diferencia.

Vivir la vejez en un país ajeno, con otra lengua, otra cultura, lejos de amigos y familiares trae consigo necesidades urgentes con respecto a la salud, el acceso a la alimentación, la vivienda, el trabajo formal e informal, la regularización migratoria y el acompañamiento emocional.

Durante mucho tiempo se cree que ha existido un modelo tradicional de cuidado en donde los adultos mayores viven con sus hijos o cerca de ellos cuidando o disfrutando a sus nietos. Esto ya no es una garantía ya que la migración fragmenta a las familias, dispersa los vínculos y deja a muchos adultos solos, dependiendo más de remesas que de abrazos. Y esto rompe el esquema de quienes antes cuidaban, que hoy también necesitan ser cuidados.

Las políticas migratorias suelen enfocarse en perfiles jóvenes, productivos, económicamente activos. Pero ¿qué ocurre cuando un adulto mayor llega solo a México, sin redes, huyendo de la violencia o buscando refugio? ¿Qué derechos les protegen? ¿Qué instituciones les atienden?

La vejez migrante rompe con los estereotipos, y nos obliga a repensar desde dónde construimos nuestras ideas sobre ciudadanía, pertenencia y dignidad. Invisibilizar a este grupo no es solo un acto de omisión, es una falla estructural en el reconocimiento de los derechos humanos universales.

Desde Sin Fronteras trabajamos para visibilizar estas realidades y construir puentes de acompañamiento, protección y reconocimiento para las personas mayores migrantes. Porque la migración no debería borrar derechos. Y porque envejecer dignamente, sin importar el país de origen o el lugar donde se habite, es un derecho que debe ser garantizado, no negociado.

Este 28 de junio queremos conmemorar a las abuelas y los abuelos, celebramos sus vidas, sus años y su valentía. No sabemos cuántos años tienen, pero sí sabemos que han tenido la fortaleza de seguir caminando, a pesar de todo.

* Marcos Emmanuel Ocampo Rocha es encargado del Área de Trabajo Social en Sin Fronteras. Lucia Rosales (@LuRosales1411) es prestadora de Servicio Social en el área de Trabajo Social.