Redacción Animal Político · 4 de julio de 2025
El 8 de septiembre la escuela de tus hijos e hijas, desde preescolar hasta secundaria, va a educar sobre el abuso sexual y el maltrato infantil, 1 ¿Tú sabes qué les va a enseñar? No es especulación: el Estado mexicano fue condenado por un juez penal a reparar el daño a víctimas de abuso sexual infantil en escuelas públicas. La sentencia 2 obligó a la SEP a establecer en el calendario escolar un día para la concientización sobre la gravedad del abuso sexual y el maltrato infantil. 3
La sentencia obtenida a través del litigio de la organización civil Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia, A. C. (ODI) abre una enorme oportunidad: 33 millones de niños, niñas y adolescentes estudiarán sobre las violencias contra las infancias. El riesgo es que se convierta en un día decorativo. Que se hable de manera abstracta de derechos y buenas intenciones. El riesgo es que no se aproveche la posibilidad de aportar, año con año, a formar una ciudadanía que no tolere la violencia contra las infancias.
La educación cívica no ha sido particularmente exitosa en nuestro país. Hoy por hoy tenemos una ciudadanía que conoce los colores patrios, pero no entiende bien a bien la diferencia entre lo que hace un ministerio público y un juez. Son temas que importan. La educación cívica debe formar para la participación ciudadana y educar para la acción. Aplicado al tema de abuso sexual y maltrato infantil significa que debe formar personas capaces de actuar frente a este tema. No es un ejercicio únicamente teórico, debe equipar para la acción. Para lograrlo hay algunos temas indispensables.
Un tema fundamental a transmitir es que la autoridad adulta tiene límites: la integridad y los derechos del niño, niña o adolescente. Estos límites aplican para todos los adultos, así sean familiares, maestros o líderes en la comunidad. Es una idea que molesta a algunos adultos quienes consideran que al hablarle a los niños y niñas sobre sus derechos es importante enfatizar también sus obligaciones. Se trata de adultos que temen que las infancias exageren la noción de tener derechos y lo usen para manipular y desobedecer. La idea de que alguien abuse de sus derechos es tan problemática que es difícil saber cuál de sus fallas señalar. Baste con imaginar que se dijera lo mismo sobre los derechos de una persona indígena, una mujer o una persona con discapacidad. Si la autoridad que se busca imponer no logra diferenciarse de una violación a los derechos, el problema está con la autoridad y no con la consciencia sobre los derechos.
La autoridad adulta sin límites es un elemento medular en el abuso sexual y el maltrato infantil. Sin el ejercicio ilimitado de poder, gran parte de las violencias contra las infancias no se podrían materializar o por lo menos no podrían continuar más allá de un solo evento. El atrapamiento de niños y niñas en dinámicas de violencia se construye sobre la autoridad y la noción de que el adulto siempre sabe más y se le debe obedecer. Es fundamental que los límites de no violar derechos se aplique a todo adulto: sea quien sea. Admitir una excepción a este límite es una contradicción al concepto básico de lo que es un derecho, pero sobre todo es un sin sentido en una sociedad en la que la enorme mayoría de los abusos provienen de personas cercanas al niño o niña, casi siempre un familiar.
La definición teórica es que el límite a la autoridad adulta son los derechos del niño o niña. ¿En la práctica cómo se define? ¿Cómo se le explica a alguien de edad preescolar? La respuesta es absurdamente simple: el límite de la autoridad adulta es aquello que lastima. Frente a una realidad cambiante de casos registrados para la producción de materiales de explotación sexual, los retos de la realidad virtual y numerosas posibilidades de acoso y violencia, los esfuerzos para enseñar listas taxativas de lo que constituye un abuso son por mucho insuficientes. Lo deseable son niños y niñas capaces de hablar de aquello que les lastima y junto con adultos protectores encontrar soluciones. El mejor indicador de que existe violencia –para niñez y para adultos– es el sentir propio.
El mayor reto que presenta la educación contra las violencias es que si se les enseña a pedir ayuda, debemos estar listos para brindarles protección. Por esta razón resulta indispensable involucrar a padres de familia y a las escuelas mismas como sujetos de aprendizaje.
Las madres y padres de familia deben saber cómo identificar indicadores de violencia, deben saber cómo explorar y actuar frente a una duda. Deben saber cuándo preocuparse y cómo reaccionar si su hijo o hija les confirma que ha sufrido violencia. ¿Qué le dicen y que no deben decir? Luego han de saber qué hacer para brindarles protección. ¿Denunciar o no denunciar? ¿Si denuncio, qué pasará? ¿Cómo será y cuáles son nuestros derechos? ¿Qué tipo de terapia y apoyo emocional necesita mi hijo o hija? ¿Qué apoyo necesitará mi hijo o hija en el futuro? Un día para educar sobre el abuso sexual y maltrato infantil no puede dejar fuera a los padres y madres de familia.
Las escuelas mismas deben tener esta y otra información. ¿Cómo detectar posible abuso en la familia o la comunidad y qué hacer ante una sospecha? Sobre todo las escuelas encaran la obligación de saber ¿qué hago si se acusa a un maestro o miembro de mi personal? Estas acciones deben ser claras y públicas. Toda familia, en escuela pública o privada, debe conocer el protocolo que seguirá la escuela ante una posible denuncia. ¿Tú conoces el de la escuela de tus hijos o hijas?
La SEP también se ve obligada a aprender y mejorar. Son numerosos los casos documentados en los que la escuela activamente desincentiva a las familias de denunciar a un docente, la institución se investiga a sí misma en vez de dar vista a la fiscalía como es su obligación legal o bien docentes acusados se cambian a otra escuela.
Con estudiantes de secundaria, estos temas esenciales se sostienen y se les agregan nuevas consideraciones. Las y los adolescentes necesitan saber que la autoridad adulta tiene límites, además de comprender que el amor de un noviazgo o amistad también los tiene. A los temas tratados con niños y niñas, se agregan discusiones y reflexiones vigentes: ¿Qué es y que no es consenso? ¿Qué se debe hacer cuando se tiene conocimiento de que un compañero o compañera ha ejercido violencia? ¿Cómo hablar con hijos e hijas adolescentes sobre la sexualidad, la violencia y el acoso? ¿Hasta dónde la escuela es responsable de lo que sucede fuera del plantel y horario escolar? ¿Qué acciones deben tomarse dentro de la escuela cuando ha habido violencia entre pares fuera de la escuela?
Además de estos retos, un día al año para enseñar sobre el abuso sexual y el maltrato infantil impone otra tarea a las escuelas. La escuela debe educar para la no violencia. La no violencia no solo es producto de la bondad, casualidad o autocontrol. Se construye de un conjunto de habilidades específicas que se aprenden: la habilidad de introspección, identificar y nombrar sentimientos propios, la expresión de necesidades, capacidad de escucha y solución creativa del conflicto son todos contenidos importantes de la educación para la no violencia.
Un día al año puede parecer poco, pero no lo es.
* Margarita Griesbach es coordinadora de la Clínica Jurídica de Derechos de la Infancia Ibero-CDMX y consultora independiente.
1 Diario Oficial de la Federación. 9 de junio, 2025.
2 Matrícula nacional de preescolar a secundaria en el ciclo 23/24.
3 Juicio Oral 15/2021