Paulina Figueroa · 21 de septiembre de 2026
Al buscar mejores hábitos la población busca alimentos y bebidas que aporten beneficios para su salud. Al igual que el kéfir, la kombucha se convirtió en una bebida de moda en los últimos años, sin embargo, ha existido desde mucho tiempo atrás.
La kombucha ha ganado popularidad por lo que cada vez se puede encontrar con mayor facilidad en distintos mercados. Su sabor ácido y ligeramente dulce, acompañado de una efervescencia característica, la distingue de otras bebidas. Pero, más allá de su popularidad, surge la pregunta pregunta inicial: ¿Qué es y para qué sirve la kombucha?

La kombucha es una bebida fermentada elaborada a partir de una infusión de té verde o negro endulzada que es transformada por una comunidad de bacterias y levaduras conocida como “scoby” (Symbiotic culture of bacteria and yeast), de acuerdo con el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).
Durante este proceso, estos microorganismos transforman los azúcares y generan una bebida con características sensoriales y una composición química particulares. Las condiciones en las que se desarrolla este proceso influyen directamente en las características finales de la bebida. Factores como la concentración de té y de azúcar, la temperatura y el tiempo determinan en gran medida su sabor, aroma y composición. En condiciones habituales, el proceso puede completarse en aproximadamente 7-10 días a temperatura ambiente (18-30 °C).
Su versatilidad permite añadir ingredientes como jengibre, limón, frutas frescas y hierbas aromáticas. La kombucha se suma a la lista de bebidas fermentadas tradicionales de México, como el tepache, el pulque y el tesgüino.

Si bien la kombucha se comercializa como una bebida funcional, existe poca investigación empírica sobre sus beneficios funcionales. Además, gran parte de la kombucha que se vende en el mercado global se produce utilizando mezclas instantáneas, pasteurización, filtración y carbonatación superior, lo que crea un producto estable a temperatura ambiente a un costo significativamente menor que la kombucha tradicional fresca y refrigerada, señala el artículo Daily Consumption of Kombucha Influences the Urinary and Plasma Metabolome in a Healthy Human Cohort.
Por su parte, el CIAD asegura que existen diversos estudios de laboratorio que han demostrado que la kombucha presenta actividad antioxidante, antiinflamatoria y antimicrobiana, lo que ha despertado el interés por investigar sus posibles efectos en la salud.

Se observó en personas adultas sanas que consumir kombucha junto con una comida rica en carbohidratos se asoció con una menor respuesta de glucosa e insulina tras la comida, en comparación con consumir la misma comida acompañada de agua carbonatada.
Otro estudio realizado en personas adultas sanas, el consumo de kombucha se asoció con cambios en algunos microorganismos intestinales, incluidos grupos de bacterias capaces de producir sustancias que participan en diversas funciones del organismo.
El centro de investigación señala que los estudios disponibles aportan cada vez más información sobre los posibles efectos de la kombucha y ayudan a comprender mejor su interacción con nuestro organismo. Aunque todavía quedan preguntas por responder, los resultados obtenidos hasta ahora son alentadores y respaldan el creciente interés científico en esta bebida y en su potencial como alimento funcional.

Al tratarse de una bebida fermentada, la kombucha puede contener pequeñas cantidades de alcohol. En un estudio realizado en 684 muestras comerciales de kombucha se encontraron concentraciones de alcohol desde niveles no detectables hasta 3.62 % en volumen, lo que demuestra que el contenido de alcohol puede variar considerablemente entre productos.
Un ensayo de 8 semanas investigó los efectos del consumo diario de kombucha (330 ml) en la metabolómica urinaria y plasmática en adultos sanos de 18 a 71 años, los resultados sugieren que el consumo de kombucha altera el metabolismo humano, aunque sus efectos en la salud aún no están claros.

Un primer filtro que permite distinguir una buena kombucha de una mala es el lugar que ocupan en el supermercado. Al contener bacterias vivas lo correcto es encontrar las botellas refrigeradas. de acuerdo con el artículo No es kombucha todo lo que parece: cómo evitar engaños, de El País.
Por su parte Javier Maeztu, nutricionista y fermentador, citado en el mismo artículo, señala que hay que leer las etiquetas recomienda un máximo de 3.5 gramos de azúcar por 100 mililitros.
¿Has escuchado hablar del tepache? Conoce su preparación con tíbicos ¡Dale play al video!