Kenia Hernández Rivera · 9 de agosto de 2026
¿La tensión acumulada en la falla de San Andrés podría provocar un “sismo apocalíptico”? La ciencia no puede determinar cuándo ocurrirá un terremoto, además este término no es científico ni oficial en la sismología.
Un estudio reciente sobre la falla de San Andrés (SAF, por sus siglas en inglés), en California, reveló que la tensión tectónica en esta estructura y en la falla de San Jacinto (SJF) alcanzó sus niveles más altos de los últimos mil años. El hallazgo reavivó el debate sobre el llamado “Big One”, el gran terremoto que durante décadas ha formado parte de los escenarios de riesgo sísmico en la costa oeste de Estados Unidos.
A partir de la publicación de la investigación, en redes sociales comenzaron a circular mensajes que presentan los resultados como una supuesta “alerta sísmica bajo tierra”. Uno de estos contenidos afirma que la falla de San Andrés acumula una “tensión tectónica sin precedentes” y que una supuesta conexión entre fallas podría provocar un “terremoto apocalíptico” en California. El mensaje suma más de 130 interacciones en Facebook y también se replica en X y TikTok.
Sin embargo, el estudio no predice la fecha de un terremoto. Para explicar los alcances de la investigación, Pierre Gilles Lacan, investigador titular del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica a El Sabueso cómo funcionan las fallas geológicas, por qué la ciencia no puede predecir con exactitud un terremoto y qué implicaciones tendría un sismo de gran magnitud en California para México.

La investigación, encabezada por geocientíficos de la Universidad de Hawái en Mānoa, analizó la tensión tectónica acumulada a lo largo de los sistemas de fallas de San Andrés y San Jacinto, en el sur de California.
Los investigadores determinaron que la tensión alcanzó, y en algunos puntos superó, los niveles más altos registrados durante el último milenio. El estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, señala que estos resultados tienen implicaciones para la evaluación del riesgo sísmico en una de las regiones más pobladas de Estados Unidos y con una infraestructura altamente vulnerable a sismos.
Para calcular la tensión acumulada, los científicos utilizaron una simulación por computadora y reconstruyeron la actividad sísmica de la región durante los últimos mil años. Para ello, analizaron evidencias naturales de antiguos terremotos, entre ellas sedimentos desplazados por sismos y anillos de crecimiento de los árboles.
Después incorporaron estos datos al modelo para reconstruir la evolución de las fallas hasta el presente. Con este procedimiento estimaron el nivel actual de tensión en las estructuras geológicas.
Los resultados indican que la tensión es elevada porque no se ha liberado mediante grandes terremotos durante un periodo prolongado. Debido a que las placas tectónicas continúan desplazándose, esta ausencia de grandes rupturas sugiere una acumulación considerable de tensión que, eventualmente, tendrá que liberarse.

Uno de los aspectos que más atención recibió del estudio es el papel del Paso de Cajón, un paso montañoso situado en el sur de California.
Los investigadores plantean que esta zona podría funcionar como una especie de “puente” geológico que permitiría que una ruptura iniciada en una falla se propagara hacia la otra. Bajo este escenario, las fallas de San Andrés y San Jacinto podrían romperse de manera conjunta.
Si ocurriera una ruptura de este tipo, el terremoto alcanzaría una mayor intensidad y causar más daños que un evento limitado a una sola falla, sobre todo en zonas densamente pobladas como Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el valle de Coachella.
No obstante, el estudio no afirma que este escenario vaya a ocurrir. Liliane Burkhard, investigadora asociada del Instituto de Geofísica y Planetología de Hawái, mencionó que los resultados no constituyen una predicción sobre cuándo ocurrirá un terremoto. La investigación aporta información para comprender mejor el riesgo sísmico y evaluar distintos escenarios ante posibles terremotos.
“Esto no es una predicción de cuándo ocurrirá un terremoto. Sin embargo, estudios como este son contribuciones importantes a la investigación nacional y mundial sobre el riesgo sísmico, ya que utilizamos ciencia rigurosa y cuantitativa para comprender mejor el riesgo que enfrentan millones de personas”, dijo Burkhard en un comunicado.
Una falla geológica, explica Gilles Lacan, corresponde a una discontinuidad de la corteza terrestre en la que cada bloque separado se desplaza en sentido opuesto al otro. Ese movimiento genera fricción, y mientras los bloques permanecen sin desplazarse, la tensión entre ellos se acumula progresivamente. Cuando finalmente se produce el desplazamiento, ocurre un sismo.
En el caso de San Andrés, el registro histórico muestra que pocas veces ha existido un periodo tan prolongado sin una ruptura importante. Como las placas tectónicas mantienen un movimiento constante, la ausencia de grandes terremotos durante tanto tiempo constituye una señal de que puede existir una importante acumulación de tensión.
Esto, sin embargo, no permite establecer cuándo ocurrirá el próximo sismo. Según la investigación, los sistemas de San Andrés y San Jacinto concentran aproximadamente 90% de la tasa de deslizamiento entre las placas Norteamericana y del Pacífico en el sur de California. Durante los últimos mil años, ambas fallas han registrado al menos 36 terremotos de magnitud 6.4 o superior.
Los mayores terremotos históricos registrados en la falla de San Andrés, en el sur de California, ocurrieron en 1812 y 1857. El terremoto de Fort Tejón, de magnitud 7.9, ocurrido en 1857, continúa como el último gran terremoto registrado en esa región.
La falla de San Jacinto, por su parte, ha registrado varios terremotos moderados, entre ellos los de 1918, 1968 y 1987, con magnitudes de entre 6.5 y 6.9. Sin embargo, su sector sur ha mantenido una actividad sísmica relativamente baja durante periodos prolongados, pese a que los registros paleosísmicos (terremotos antiguos o prehistóricos) indican que allí pueden ocurrir grandes rupturas con intervalos de varios siglos.
El término “Big One” hace referencia a un escenario hipotético: un gran terremoto en California capaz de provocar daños importantes en una extensa región.
La falla de San Andrés forma parte del límite entre la placa de América del Norte y la placa del Pacífico. California y Baja California se encuentran sobre la placa del Pacífico, mientras que gran parte de Estados Unidos, Canadá y México pertenece a la placa de América del Norte.
Entre ambas placas existe un sistema de fallas que atraviesa California y llega hasta la región de Mexicali.
La falla se desplaza varios centímetros cada año. Aunque este movimiento parece lento desde una perspectiva humana, el desplazamiento constante de las placas permite que la tensión se acumule y genere terremotos en distintos segmentos.
Sin embargo, el especialista señala que no existe certeza de que toda esa energía vaya a liberarse mediante un único terremoto de enormes dimensiones. También es posible que la tensión se libere mediante varios sismos de menor tamaño. Por esta razón, el “Big One” debe entenderse como un escenario posible que sirve para planificar medidas de prevención, no como un terremoto cuya ocurrencia esté confirmada.
Consultado sobre qué factores podrían liberar esa tensión acumulada, el investigador titular del Instituto de Geociencias de la UNAM es enfático: actualmente no existe manera de predecir un sismo con precisión. Para lograrlo, señala, sería necesario conocer con exactitud cuánta tensión se ha acumulado y cuál es la fuerza de fricción que debe superarse para que ocurra la ruptura.
Ese cálculo es inviable porque las fallas no son superficies planas, sino que presentan asperezas, y la composición exacta de la corteza terrestre —con distintos tipos de roca y fluidos— no se conoce en su totalidad. Por ello, dice, es imposible saber de antemano el momento exacto en que se producirá un sismo.
Pero aclara que estos estudios sí permiten estimar el tipo de sismo que podría ocurrir, su posible magnitud y la zona donde se generaría, información que resulta clave para preparar a la infraestructura y a la población.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) también apunta que ni esta institución ni ningún otro científico ha predicho un gran terremoto.
Una predicción sísmica tendría que establecer tres elementos: fecha y hora, ubicación y magnitud. Las afirmaciones que no proporcionan estos tres datos no cumplen con los criterios científicos para una predicción.
El USGS también advierte que las supuestas predicciones basadas en fenómenos como las nubes, dolores corporales u otros indicadores sin sustento científico no permiten anticipar un terremoto.
Aunado a lo anterior, Pierre Gilles Lacan pide diferenciar predecir un terremoto de las predicciones sísmicas.
La primera tendría que establecer la fecha, el lugar y la magnitud del evento. En cambio, una predicción sísmica funciona como una estimación de probabilidades para un periodo determinado.
Este tipo de pronósticos se utiliza, por ejemplo, para calcular la probabilidad de réplicas después de un terremoto. Tras un sismo de gran magnitud, las réplicas suelen disminuir en frecuencia y magnitud con el paso del tiempo. Debido a que muchas secuencias presentan patrones similares, los científicos pueden estimar la probabilidad de que ocurra una réplica. Estas probabilidades pueden variar de 1 entre 30 a 1 entre 300.
Un terremoto fuerte en California podría sentirse en algunas regiones del norte de México, en particular en Mexicali, Ensenada y Tijuana, debido a la cercanía de estas ciudades con el sistema de fallas.
Pero esto no significa que un terremoto en California aumente de forma automática la probabilidad de que ocurra otro sismo en cualquier otra región de México.
El país cuenta con numerosas fuentes sísmicas y fallas capaces de generar terremotos de manera independiente. Las principales se encuentran frente a la costa del Pacífico, aunque también existen fallas dentro del territorio nacional.
Algunas regiones del país pueden pasar largos periodos sin experimentar terremotos importantes. Esta situación puede generar una falsa sensación de seguridad y, al mismo tiempo, reducir el nivel de preparación de la población ante un evento de gran magnitud.
Por lo anterior, el principal mensaje del investigador no es el miedo ante un supuesto terremoto inminente, sino la preparación. La ciencia no puede establecer cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, pero sí puede ayudar a identificar escenarios de riesgo y a tomar medidas para reducir sus consecuencias.
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