Tamara Mares · 14 de septiembre de 2025
La cuna de la independencia mexicana, Dolores Hidalgo en Guanajuato, se ha convertido en sitio pionero en la defensa de los derechos laborales de recicladores, trabajadores no reconocidos formalmente que recogen los cientos de kilos de material reciclable que se desechan a diario en todo el país.
El trabajo que hacen más de 148 mil mexicanos permite extender la vida útil de los rellenos sanitarios, al igual que disminuye el impacto ambiental que tienen estos vertederos en el ecosistema. A pesar de esto, no cuentan con prestaciones básicas de ley, salario fijo, y se enfrentan a riesgos a su salud todos los días.
Las y los recicladores de la Unión Lázaro Cárdenas, en el municipio guanajuatense, encontraron fuerza en la unidad para exigir sus derechos laborales, así como la dignificación de su oficio.
Abel Balderas, quien se ha dedicado a la separación de los materiales desde los 8 años de edad, ha liderado junto con su padre, Anacleto, a las y los recicladores para también conformar un Movimiento Nacional de Recicladores, desde el cual buscan posicionar su lucha en la agenda legislativa de México.
“El cambio se va sintiendo cuando hay un apoyo de dignificación, yo creo, hacia el trabajo del pepenador o del reciclador”, comenta. “Como seres humanos, todos tenemos derechos: a la salud, a vivienda, a la seguridad social”.

La organización de las y los recicladores fue un largo camino, que empezó hace poco más de 30 años con el señor Anacleto Balderas, padre de Abel.
A inicios de los años 90, Anacleto comenzó a reunir a compañeros recicladores a quienes otras agrupaciones más grandes le quitaban parte del material que recogían. “Había unos más vivos que otros, que les quitaban lo poquito que sacaban”, dice.
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“Vi que no, no era la cosa pareja, y había unos que eran, se puede decir, amos y señores del basurero, que era una familia nada más. Ahí nadie más contaba, nada más ellos, y humillaban mucho a los demás”.
Fue así como nació la Unión de Trabajadores de Desechos Sólidos Industrializables “Lázaro Cárdenas del Río”, la cual se formalizó como una asociación civil para obtener recursos legales para mejorar sus condiciones laborales. Asimismo, formalizaron códigos de conducta y reglamentos para cuidarse entre ellos y a la población, incluyendo normas con perspectiva de género.
“Mi idea no fue para lucrar, únicamente de que fueran las cosas parejas para todos”, comparte Anacleto.
Tres décadas después, el reciclador 0001 de la Unión Lázaro Cárdenas reflexiona sobre los tropiezos que tuvo, el tiempo y dinero empleado para lograr mejoras en las condiciones laborales de él y sus compañeros.
“A través de los tropezones que hubo, las piedritas que hubo en el camino, me siento muy bien, gracias a Dios, que hemos salido adelante a pesar de las trabas que me pusieron para no avanzar”, comparte. “Me da gusto que cada día vaya creciendo más y más”.

Dado que la mayoría de los rellenos sanitarios en México se encuentran bajo la responsabilidad de los gobiernos municipales, o terceros en forma de concesionarios, los recicladores dependen de tener una buena relación con la autoridad para poder entrar a estos sitios, ya que no cuentan con un contrato laboral ni un reconocimiento en la ley.
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“Somos invisibles en este lugar, yo creo que ningún gobierno quiere voltear a vernos, no quiere saber que aquí existe gente”, considera Abel Balderas. “Se componen por cientos de personas estos trabajos, que honestamente es muy valioso el trabajo que aquí se hace, para la ciudadanía y para el mundo entero”.
Una de las iniciativas que impulsa la Unión Lázaro Cárdenas en Dolores Hidalgo es invitar a los ciudadanos a separar sus materiales reciclables desde casa, y posteriormente los recicladores acuden a las viviendas en un camión especial a recogerlo. Este programa empezó en una etapa piloto hace dos años y de forma más amplia hace uno, con el apoyo de las organizaciones Fundación Avina y Práctica, Laboratorio para la Democracia.
“Ecored”, como fue bautizado, es una propuesta que dignifica la labor de las y los recicladores al evitar que busquen este material entre los escombros del relleno sanitario; pero también atiende la preocupación de que algún día no puedan ingresar al vertedero a realizar su trabajo debido a esta falta de reconocimiento legal.
Lidia Godínez, que desde hace 17 años se dedica a la recolección de materiales, acude una vez a la semana a una de las 6 colonias donde ya opera el programa Ecored. Junto con sus compañeros, se turnan para visitar las viviendas y recoger el material que las familias separaron con anterioridad para ellos.
La recicladora se baja de un vehículo tipo motoneta con cajuela, y amarra una pequeña bocina al lado del conductor.
“Identifica al personal de Ecored y entrégales tus residuos. Ellos están plenamente identificados y listos para recibir lo que sí puede reciclarse. Recuerda, esta recolección no incluye todos los desechos de tu hogar, solo aquellos que puedan tener una segunda vida”, anuncia la grabación mientras recorre las calles de la colonia.

En el año que han llevado a cabo esta campaña, han visto un gran cambio entre los vecinos, pues han aprendido a reconocer el trabajo de los recicladores y a separar sus residuos.
“La gente empieza a hacer conciencia, que no es lo que ellos imaginaban de que nos ven allá (en el relleno) que andamos y dicen, ‘bueno, es que pensábamos que ustedes tenían un sueldo por estar ahí’, y en realidad no”, suma Mariana González, recicladora de la Unión Lázaro Cárdenas.
“Entonces, empiezan a apoyarnos, empiezan a ver que nosotros no tenemos un sueldo, y empiezan a ver que nuestro trabajo es importante”.
Mónica Camacho, líder vecinal en Paseo Jardines, ha notado que un mayor número de sus vecinos participan en la recolección de material que hace Ecored. Si bien falta avanzar en la difusión de la información, el nivel de basura que se saca para llevar al vertedero es menor, por lo que la colonia luce más limpia.
Además, los integrantes de Ecored agradecen a la comunidad por su apoyo con limpiezas de parques vecinales durante el mes, por lo que se fomenta la participación de todos.

Para Cuauhtémoc del Ángel, vecino de Dolores Hidalgo, separar los residuos y contribuir al programa Ecored es una manera de poner “un granito de arena” para mitigar los efectos del cambio climático.
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“Es parte de educarnos, de aprender cosas nuevas, mejorar este mundo por todo lo que estamos viendo sobre cambios climáticos, y sobre todo enseñar a las nuevas generaciones que sí es necesario separar la basura porque hay cosas que pueden servirle a alguien más”, comparte.
“A lo mejor ya dejaron de ser útiles para nosotros, pero alguien más les puede encontrar utilidad”.