Carlos Arrieta · 21 de mayo de 2024
En los últimos tres años, el pueblo mágico de Pátzcuaro, Michoacán, se ha vuelto presa de la criminalidad. Vecinos de siete colonias de la cabecera municipal realizan rondines ciudadanos para vigilar las calles y persuadir a asaltantes y narcomenudistas de cometer delitos.
“Nos tocó salir a defender el patrimonio de nuestros viejos. Nace así la necesidad de cuidarnos solos, ya que se llamó a la Policía Municipal, se pusieron denuncias y tal cual te lo voy a decir: fue el hartazgo de no tener una respuesta de las autoridades y de que no podían detener los robos, ya que había mucha alcahuetería de las autoridades”, cuenta José Luis Silva Alejandre, coordinador de las rondas vecinales en Pátzcuaro.
Desde 2018, la inseguridad se ha convertido en un verdadero problema en Pátzcuaro, pero en los últimos tres años se ha incrementado ante el desinterés de las autoridades locales, explica Silva.
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El encargado de las rondas en la colonia Juventino Rosas dice que la criminalidad no solo se vive en las colonias de arriba o las colonias de abajo sino en todas las colonias Pátzcuaro.
El día que los vecinos de Juventino Rosas decidieron poner un alto a la delincuencia fue cuando en una sola noche del 2022 fueron perpetrados nueve asaltos en casas habitación y comercios de la colonia Juventino Rosas. Una de las víctimas fue Angélica, una comerciante a la que los criminales le saquearon su negocio de comida.
“Desgraciadamente yo aquí dejaba dinero para mi renta, para el gas, para todo lo que yo ocupaba. Desafortunadamente arrasaron hasta con lo que es mi materia prima, salchicha, toditito se llevaron”, narra.
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Ese día, José Luis Silva Alejandre tomó una decisión: tomó una cobija y la convirtió en gabán y salió a las calles a vigilar, armado con una linterna y un silbato. Desde entonces, es el encargado de coordinar las acciones de vigilancia.
“Soy jornalero, me gano el día. Afortunadamente me toca ser líder o guía, que no me considero así porque hay mucha gente detrás de mí que me ha fortalecido y hemos ayudado a las colonias unidas, no solamente en el tema de la inseguridad. También gracias a dios, ayudamos a la gente que lo necesita, cuando lo necesita”, afirma.
Esa labor de seguridad se extendió a más colonias para lograr erradicar los asaltos a mano armada de casas habitación, a comercios, a transeúntes, de vehículos y de puntos de venta de droga.
Se trata de los vecinos de las colonias Juventino Rosa, Eréndira I, II, III, y IV, así como de Colimillas y San Lázaro, quienes organizaron los rondines vecinales, para quienes esa labor no está exenta de riesgos y que realizan solamente armados con piedras, palos y machetes.
Lejos de ser escuchados y atendidos por el presidente municipal, los habitantes han sido fustigados y hasta agredidos por las corporaciones policiales.
En el municipio de Pátzcuaro operan cuatro grupos criminales. Se trata del Cártel de Los Viagras, quienes se disputan gran parte de ese territorio con sus antagónicos Los Caballeros Templarios.
Las autoridades consultadas tienen identificada a una célula delictiva local, a la que señalan de ser “el comodín” del cártel en turno que mantenga el control del territorio. Además, en algunas de las orillas también tiene presencia el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Los operativos han aumentado en ese municipio debido a que los cárteles se han asentado y han cimentado una base social que los protege y los mantiene informados.
De hecho, la policía municipal de Pátzcuaro ha sido una de las más vulneradas y dominadas por las organizaciones delictivas. En lo que va de esta administración, a cargo de Julio Arreola Vázquez, esa corporación ha tenido cuatro directores de Seguridad Pública municipal en menos de tres años.
Al menos tres de esos mandos policiales han tenido señalamientos y han estado bajo la lupa de las autoridades federales de seguridad por sus presuntas relaciones con grupos criminales.
Esos mismos tres no pasaron por la autorización del Cabildo, como lo establece la Ley Orgánica Municipal, y han sido impuestos por el alcalde.