Andro Aguilar · 19 de febrero de 2025
Luego que una mina terrestre sembrada en huertos de limones en Michoacán le explotara a su hijo Pablo, de 15 años de edad, Mayra Buenrostro pide al gobierno de Claudia Sheinbaum que intervengan para “limpiar” esa zona de artefactos colocados por grupos delincuenciales como una forma para controlar a la población de la zona y los territorios.
“Nada les cuesta. A la presidenta la verdad nada le cuesta poner a trabajar el gobierno que tiene”.
La señora Mayra Buenrostro teme por la vida de otros de sus familiares que trabajan en la zona, como su esposo o sus sobrinos, pero también busca poder colocar una cruz en el sitio donde el mayor de sus hijos murió el pasado 8 de febrero.
La mujer relata que mientras funcionarios forenses realizaban el levantamiento del cuerpo de Pablo, otra mina estalló en el lugar.
“Quiero que quiten las minas para poder recogerlos, más pedacitos si hay de mi hijo, pues recogerlos y ponerle la cruz de mi niño donde murió, para que descanse en paz”, dice la señora Mayra en entrevista.
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La mujer también demanda una disculpa pública de parte de las autoridades de Michoacán por criminalizar a su hijo después de su muerte, lo que no ha sucedido aún.

El fiscal Adrián López Solís sugirió que las dos personas podrían ser parte de algún grupo criminal, y manipulaban el explosivo cuando vino el estallido. “Hay datos que pudieran sugerir que no necesariamente son víctimas”, dijo.
Mayra reclama que si los funcionarios investigaran bien sabrían que su hijo era campesino desde varios años atrás, cuando terminó la escuela primaria.
Desde que era niño, salía con su madre a vender limones tras cortarlos.
“En vez de primero hablar, haber hablado, hubieran ido conmigo a preguntarme por qué murió o a qué se dedicaba; pero no, no más lo atacaron. Y yo sí quiero la verdad en memoria de mi niño, más que nada por él, que me ofrezca una disculpa en vía pública a mí por mi niño. Porque así como fue bueno para hablar de mi hijo, pues que se rectifique de lo que dijo”.
La señora Mayra recuerda que un día antes de la muerte de su hijo, le llamó para que se acercara. “Le dije: ‘papi, te quiero mucho, tú sabes que te quiero mucho’”. Después lo llevó en su motocicleta desde la comunidad de Catalinas a Santa Ana—donde Pablo vivía con su abuelo desde meses atrás—, le recomendó que se portara bien y no anduviera en la calle. Fue la última vez que lo vio con vida.
Al otro día por la mañana, una de las hermanas de Mayra le llamó por teléfono. Le avisó que poco después de comenzar su jornal a las 7 de la mañana con un azadón en un campo de limoneros, Pablo pisó una mina terrestre que estalló.
En su relato, Mayra corrige. Dice que no fue un accidente: “No es un accidente, ya sabe el gobierno que hay minas, si las hubieran quitado…”.
Junto con Pablo, murió un hombre de 43 años de edad, llamado José Luis, que iba a casarse justo el Día de San Valentín. El chico murió en el lugar y José Luis más tarde, en un hospital de Apatzingán.
Mayra dice que ella no sabía de la existencia de minas en la zona. De haber sabido, hubiera hablado con su hijo.
“Él me escuchaba, y yo le daba consejos y me hacía caso. Pero yo no sabía que había minas (…) Es un niño inocente, murió en una mina y pues no es justo que quieran pisar su memoria, que digan cosas de él que no son”.
En la localidad de Santa Ana Amatlán, en el municipio de Buenavista, y otras regiones de Michoacán, las minas son usadas como un mecanismo de ataque entre grupos delincuenciales para marcar el territorio.
La mina que le estalló a Pablo fue sembrada en la comunidad de Santa Ana, en Buenavista Tomatlán, el municipio reconocido en México por su alta producción de limón.
Con 15 años de edad que cumplió en enero pasado, Pablo era el mayor de sus dos hermanos que tienen 11 y 9 años de edad.
Mayra explica que el siguiente de sus hijos, José Luis, siempre seguía a Pablo, para comer, jugar y hasta trabajar. Agradece que no hayan estado juntos el día de la explosión.
La mujer asegura que su hijo se preocupaba por darles buen ejemplo a sus hermanos, en concordancia a la responsabilidad que él le dio como “el hombre de la casa”. Quería ser militar. Un soldado que pudiera defender a su familia.
“Él decía más que nada para cuidarnos a nosotros. Y él también quería, pues más que nada, a él no le gustaba cómo me miraba a mí en el trabajo y él no quería que yo fuera al campo, matándome…” (…) Era un niño muy trabajador, él le quería dar lo que él podía, al niño, a mis hijos y más que nada darles un buen ejemplo”.
Por las cosechas de limones, Pablo llegaba a ganar hasta 600 pesos al día, dependiendo del precio de temporada. Lo más reciente son 20 pesos la caja. Hace poco, como comenzó a escasear, el precio sube hasta los 50 pesos.
La mujer recuerda que cuando hay abundancia ella lograba llenar hasta 18 cajas de limones. Sin embargo, explica que de esa paga, tenían que pagar hasta a “los fleteros”, 10 pesos por caja.
La señora Mayra teme por su seguridad, pero a pesar de la presencia criminal en la zona, le da más miedo que las autoridades reaccionen por confrontarles en su intento de limpiar la memoria de su hijo.
“Por lo que he dicho y lo que he hablado, a lo mejor hasta se molestaron…. No es una cosa mala, la verdad, pero les digo sus verdades. Porque se trató de la vida de mi hijo”.
Mayra acudió este miércoles a la Embajada de Estados Unidos a solicitar un asilo político. Sin embargo, después de esperar un rato frente a la Embajada de Estados Unidos, una funcionaria informó que la atención para la señora Mayra podría ser solo a través de una cita.
La mujer tiene una hermana, María Guadalupe, que ya se fue a Estados Unidos apenas en octubre pasado. Asegura que fue a través de una solicitud de asilo y que después de lo que pasó le dijo que hiciera lo posible para alcanzarla allá.
Mayra también explica que está pagando un terreno, donde quiere construir una casa de dos pisos con una recámara en honor a Pablo, como él quería. Buscará poner un negocio propio, para “ya no tener patrones”.
“Yo exijo también que se pongan a trabajar. Que se pongan a trabajar para que quiten las minas y que también le dediquen un tiempo al pueblo. No nomás se quieran lavar las manos, que se dediquen al pueblo también”.
🔴#Ahora | Mayra Alejandra Buenrostro, habitante de Tierra Caliente en Michoacán, solicita a @Claudiashein intervenir para limpiar las huertas donde grupos criminales sembraron minas explosivas.
Su hijo Pablo, de 15 años de edad, murió mientras cosechaba limones. La mujer busca… pic.twitter.com/Qs6MoL7UVg
— Animal Político (@Pajaropolitico) February 19, 2025
Guillermo Valencia, exalcalde de Tepalcatepec, está dando acompañamiento a la señora Mayra Buenrostro en su solicitud de asilo y reclamos a las autoridades. El político explica que la zona es epicentro de la operación de Los Viagra, un grupo ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación. El también diputado lamenta que los habitantes han normalizado ver a grupos armados en su día a día.
La primera comunidad en la zona donde registraron la siembra de minas terrestres es Paredes del Ahogado, en el mismo municipio Buenavista, limítrofe con Peribán y Tancítaro.
Recuerda el primer caso registrado: una persona que transitaba sobre un caballo. El animal murió tras pisar una mina y su jinete casi pierde una pierna. También han muerto militares en eventos distintos.
El político asegura que varias comunidades ya se encuentran vacías.
“Varias comunidades que están en la zona entre Coalcomán y Jalisco, como la tenencia de Trojes, Guadalupe… varias están vacías”. Muchas personas, asegura, huyen hacia la capital michoacana, Morelia, o incluso a otras entidades.
Además de minas, en los límites de Michoacán y Jalisco, el Cártel Jalisco Nueva Generación usa drones con explosivos.

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El diputado, también presidente del PRI en Michoacán, asegura que realizaron una brigada para alertar de la existencia de minas en al zona con letreros pero las autoridades los retiraron en menos de un día.
“Las minas sembradas en una huerta de limón son para matar gente, no para matar criminales”, advierte.